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Luis Negro Marco

TERCERA PÁGINA

Luis Negro Marco

Periodistas, cooperadores de la verdad

San Francisco de Sales supo labrar su credibilidad a través de la prensa

Ayer se celebró la festividad de Francisco de Sales (1567-1592) patrón de los periodistas. Este santo francés fue muy popular en su tiempo por la eficaz oratoria de sus predicaciones, ante las que hugonotes y protestantes tapaban sus oídos por temor a dejarse convencer por sus palabras «rebosantes de amor de Dios y de amor a la Humanidad», según sus hagiógrafos. En 1877 fue declarado Doctor universal de la Iglesia por Pío IX.

¿Pero por qué es Francisco de Sales el patrón de los periodistas? Una de las razones, ya ha sido apuntada: por su capacidad de persuasión a través de la palabra, conquistando los corazones y las mentes de quienes le escuchaban. Y a ello hay que añadir que su credibilidad también la supo labrar a través de la prensa. Fue él quien introdujo en Europa los dazibaos (periódicos murales escritos con grandes caracteres) propios de la China imperial, que resumidos en hojas volanderas (octavillas) de tamaño tabloide, clavaba en las puertas de las iglesias y de las casas principales de las ciudades.

Todo ello con el objeto de difundir entre la población la verdad católica, contra la que, a comienzos del siglo XVI, se había levantado la reforma protestante proclamada por el alemán Martín Lutero.

La libertad es un derecho fundamental del ser humano, pero ya a comienzos de nuestra era, el historiador romano Tito Livio se preguntaba: «¿puede haber libertad en los Estados en los que no se permite hablar?». Y es que ya en tiempos de la República de Roma existían dos magistrados, llamados censores, que el Gobierno designaba con la finalidad de que velaran por el cumplimiento de las costumbres y castigasen con la pena debida a los infractores. De ahí que a quienes en todos los tiempos (y muy especialmente en el nuestro actual, marcado por la cultura de la cancelación y el predominio del pensamiento woke) se han ocupado y se ocupan de examinar obras literarias, periódicos y opiniones en redes sociales, en radios y en televisión y emitir sobre ellas su subjetivo dictamen y recomendación de censura –incluso incentivar la prohibición de publicación o difusión– se les haya llamado y se les siga llamando censores.

La censura previa (incluyendo el secuestro de la publicación previa a su distribución en los kioscos) fue y es propia de las dictaduras y de los regímenes totalitarios, motivada por el miedo de la minoritaria y privilegiada casta dirigente a que sus postulados políticos queden expuestos a la crítica libre de la opinión pública. De ahí que el periodista y corresponsal de guerra polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007) afirmase que el trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en encender la luz para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse al verse descubiertas. Es así como, al igual que San Francisco de Sales por el sacerdocio, en los periodistas es precisa una verdadera vocación por contar y escribir.

De hecho, el origen de su nombre (periodistas) se debe a su oficio de escribir periódicamente, con el objetivo de divulgar, revelar o decir al público lo que se quería por otras instancias oculto, reservado, o que se debía callar. Es por ello, que en oposición a la mentira, la opacidad y la desinformación (lo que hoy en día se ha venido en llamar fake news) lo que mejor define a los verdaderos periodistas es que son cooperadores necesarios de la verdad.

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