AL MARGEN

Ya no hay feos ni gordos

Marian Rebolledo

Marian Rebolledo

Esto va de un escritor, Roald Dahl, que escribía maravillosos libros para niños y mayores inteligentes. Y va de Netflix, la propietaria de sus derechos, que ha decidido reescribir algunos de esos libros para adaptarlos a la sensibilidad actual y, de paso, para volver a hacer caja. Netflix piensa que los niños de hoy son más tontos que los de antes, y que si leen palabras como gordo, fea o estúpido, se van a desmayar. El libro favorito de mi hijo cuando era pequeño era Las brujas, de Dahl, que releía una y otra vez. Nunca le pregunté por qué, eso de enamorarse de un libro es personal e intransferible. Ahora, los propietarios de los derechos han decidido que una de las chicas que aparece en esa novela no puede ser cajera de supermercado, como en el original, sino que será científica de éxito para luchar contra el machismo. Pues más machista me parece a mí considerar que las cajeras no merezcan ser personajes de un libro. Y Matilda, esa niña maravillosa que adoraba leer (yo la adoraba a ella) ya no soñará con navegar en un viejo barco de vela leyendo a Joseph Conrad, el plan más perfecto que se me puede ocurrir. Ahora, con los cambios preferirá soñar con Jane Austen. Y no es lo mismo. Yo misma quise ser uno de los tres mosqueteros. Adoraba al Corsario Negro y hasta me caía bien Long John Silver. Y veo difícil que sus libros, que me acompañaron en mi juventud, puedan ser reescritos a gusto de los biempensantes. Porque estaban llenos de muerte, engaño, misoginia y violencia. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Los prohibimos por políticamente incorrectos? Y, por cierto, el propio Roald Dahl era un ser humano cuestionable. Pues nada, prohibimos su obra completa. Pero eso no genera negocio, ¿verdad?

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