Sala de máquinas

Nueva leyenda negra

Juan Bolea

Juan Bolea

La geopolítica ha puesto de moda un nuevo concepto: «el sur global». Se alude con él a ese grupo también llamado «países no alineados». Aquellos que, de una manera clara, no están vinculados a ninguno de los grandes bloques liderados, fundamentalmente, por Estados Unidos o Rusia.

La reciente Conferencia de Seguridad de Múnich tuvo muy presentes a estas naciones, muchas de ellas tan jóvenes que apenas suman décadas de vida. Pensando en ellas, el Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad de la UE, Josep Borrell, advirtió sobre la necesidad de reformar los grandes organismos internacionales, comenzando por la ONU, para atender las necesidades y demandas de ese «sur global» en donde, según Macron, Europa ha perdido mucha credibilidad. En esta misma conferencia, el presidente francés ha advertido a su vez acerca de esas cuentas pendientes y rencores acumulados durante largas ocupaciones coloniales y bruscos e imperfectos procesos de descolonización que estarían provocando el rechazo de muchas de esas nuevas naciones independientes contra las viejas potencias colonizadoras, entre las cuales está España. Leyenda negra, ahora contra las democracias occidentales, que podría estar reescribiéndose en países emergentes por amanuenses rusos capaces de inventar las mayores mentiras y de repetirlas hasta convertirlas en falsa verdad.

En concreto, Borrell atribuyó ese progresivo descrédito, la nueva leyenda negra contra la Europa excolonial, a «la potente narrativa rusa». Países no alineados del «sur global» no solo no han condenado la acción de Putin contra Ucrania, sino que están comprando tecnología informática y bélica a una Rusia a la que admiran, como igualmente valoran los planteamientos comerciales de China y la política multilateral de potencias tan influyentes como Turquía o La India.

Aunque la nueva leyenda negra, esta vez contra Europa, tiene como objetivo blanquear el sesgo dictatorial y las prácticas criminales de un régimen, el de Putin, carente de principios morales y escrúpulos democráticos, habrá que combatirla. No sea que, como ya sucedió con la historia de España, manos manchadas de sangre extiendan la mancha para mancillar la reputación del último bastión de la libertad: Occidente.

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