El limbo de Kosovo

El Periódico de Aragón

El Periódico de Aragón

El pasado día 17 se cumplieron 15 años de la declaración unilateral de independencia de Kosovo, que tomó esta arriesgada decisión tras el impás diplomático que sucedió a la guerra de los Balcanes y al bombardeo de Serbia por la OTAN en los años noventa. Tres lustros después, solo 97 de los 193 miembros de Naciones Unidas han reconocido a Kosovo como estado soberano. Serbia todavía sostiene oficialmente que el enclave forma parte de su propio país, un vínculo que figura en su texto constitucional. Y España, como otros países afectados por movimientos independentistas internos, tampoco lo reconoce, porque considera ilegal el movimiento unilateral de las fronteras establecidas. Kosovo, con una mayoría étnica de origen albanés (la minoría mayoritaria es la serbia), está ubicado entre Serbia, Bosnia, Albania y Macedonia, y todavía no ha conseguido unificar tan compleja diversidad cultural. El norte, de apenas 11.000 kilómetros cuadrados, mantiene fuertes lazos identitarios con Serbia, mientras que el centro y el sur están directamente conectados con la cultura albanesa. Sin embargo, los nacionalistas de origen albanés, que controlan políticamente Kosovo, no aspiran a unirse a Albania sino a lograr la independencia. La minoría serbia anhela regresar bajo la tutela de Belgrado.

El gran aliado de Kosovo es Washington y Estados Unidos posee una gran base militar en el país. Esta es la garantía de que Serbia no se propasará y de que la independencia conseguida no peligra, pero Belgrado mantiene en la práctica el bloqueo de la situación. La UE, que facilitó el establecimiento de relaciones entre Prístina y Belgrado en 2011 y ha estimulado el diálogo desde entonces, no muestra gran interés ni por pulir las aristas ni por atender las simultáneas peticiones de ingreso de Serbia y de Kosovo en el club europeo. Con un PIB per cápita de poco más de 4.000 dólares, los 1,7 millones de kosovares viven un presente sin horizonte que les aboca a la emigración. El fenómeno ha sido objeto de un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre las causas de esta deserción motivada por la falta de puestos de trabajo, que deja a la juventud sin perspectivas de futuro. La decadencia se manifiesta en forma de un limbo jurídico en el que asoman la desigualdad, la corrupción, los tráficos ilegales, el crimen organizado y la impunidad, dibujando un panorama en el que el ideal independentista se marchita.

La guerra de Ucrania no alcanza a Kosovo pero enrarece la situación, dada la proverbial cercanía cultural de Serbia a Rusia, cuya agresividad mantiene en vilo a toda la región balcánica y aleja la distensión ambiental que necesita el nuevo país para reforzar su soberanía y sus estructuras de Estado. Y aunque es poco realista sugerir avances en este proceso cuando todavía arde Ucrania, la UE debe mantener la estabilización de los Balcanes como uno de los grandes objetivos a medio y largo plazo. La presidenta de Kosovo, Vjosa Osmani, denuncia las presiones crecientes de Serbia desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania.

Suscríbete para seguir leyendo