Sala de máquinas

‘Shane’

Juan Bolea

Juan Bolea

La 2 de TVE tuvo la buena idea de ofrecer a sus espectadores Raíces profundas. No la había vuelto a ver desde que era niño, casi tan niño como Joey Starett, el pequeño que se hace amigo del pistolero Shane, y me quedé clavado a la pantalla, asombrado por los recursos, diálogos y escenas, por la épica de esta película ciertamente extraordinaria. Originalmente titulada Shane, en honor a su protagonista, y no como los distribuidores españoles la rebautizaron de manera absurda.

Dirigida por George Stevens en 1953, con guión de A.B. Guthrie Jr., sobre la novela El desconocido de Jack Schaefer, y rodada con alto presupuesto en los valles de California, Shane mezcla con habilidad los sentimientos de sus tres principales caracteres –el pistolero (Alan Ladd), el granjero Joe Starett (encarnado por Van Heflin) y su mujer Mary Ann (Jean Arthur)–. La pugna entre agricultores y ganaderos, clásica en la conquista del Lejano Oeste y en el western como género narrativo, sustancia una vez más el conflicto colectivo, que funciona de acuerdo al canon establecido por los guionistas de Hollywood: los violentos vaqueros necesitan espacios libres para sus ganados, oponiéndose a los sembrados y vallas de los pacíficos aldeanos que pretenden establecer comunidades regidas por la ley, el orden y la convivencia estable.

Más original que este conflicto será la encrucijada sentimental que se le plantea a Mary Ann cuando comienza a compartir con su hijo Joey la admiración hacia el bracero que han contratado sin conocer su procedencia ni su historial como asesino a sueldo. La buena relación entre su marido y Shane, entre quienes brota una sincera amistad, y el respeto con que en todo momento Shane comparte hábitos, horas y espacios de la familia Starett converge delicadamente hacia un drama tan contenido como las frases exactas y los gestos precisos, emocionantes, con que cada uno de los tres va apuntando sus sentimientos al espectador. Una tormenta de odio y violencia desatada por la temible presencia de otro pistolero, Jack Wilson (formidable en el papel Jack Palance) resolverá la trama con la mítica despedida final de Shane, alejándose hacia el horizonte herido en un brazo mientras el pequeño Joey lo llama con desesperación, sabiendo que jamás lo volverá a ver. Enorme.

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