El deterioro de Renfe

José Luis Corral

José Luis Corral

En los ferrocarriles europeos del siglo XX había un axioma infalible: los trenes británicos y suizos eran puntuales y rápidos y los españoles lentos y con retraso. El AVE Madrid-Sevilla con motivo de la Expo 92 supuso un gran avance. La Alta Velocidad acortó notablemente el tiempo de viaje entre Sevilla, Madrid, Zaragoza y Barcelona, y todo el mundo quiso tener un AVE a la puerta de casa.

La alta velocidad se presentó como la gran aportación española al transporte público, y el modelo español, copiado con matices de los sistemas alemán y francés, parecía la panacea del transporte. El tren bala japonés es más seguro y rápido (circula a 500 kilómetros por hora nada menos), pero los intereses de la industria ferroviaria europea primaron, y se adjudicaron los contratos multimillonarios a la empresa francesa Alstom, a la alemana Siemens (que logró encargos por cien mil millones de euros, pásmense) y a la española Talgo, que construyó en Arabia Saudí la línea de Medina a La Meca, con la que se forró el campechano emérito, al que el diario New York Times le calculó en 2012 una fortuna de dos mil ochocientos millones de euros (vuelvan a pasmarse).

Hace poco entraron en el negocio de la Alta Velocidad Española las empresas privadas Ouigo, francesa, e Iryo, italiana, que usan la misma vía que Renfe.

El pasado jueves 23 de febrero volvía yo de Córdoba a Zaragoza en el AVE que sale de la ciudad de los califas a las 9.43 y llega a la ciudad del Ebro a las 12.34; a la altura de Ciudad Real, el tren se detuvo. Durante los veinte minutos que estuvo parado, vi pasar en la misma dirección y a toda velocidad un tren de Ouigo y otro de Iryo. Una vez nos adelantaron los dos convoyes de las compañías privadas, mi AVE arrancó y volvió a ponerse a 300 kilómetros por hora, de modo que no tenía ningún problema técnico; pero ya era tarde y llegué a Zaragoza a las 12.57, con 23 minutos de retraso; en el viaje de ida el retraso ya había sido de 24 minutos.

Amigos que usan el AVE (yo lo hago con mucha frecuencia), me han ratificado que no funciona tan bien como hace unos pocos años, aunque, por el momento, los trenes sí caben en los túneles. Y claro, uno, que es mal pensado, sospecha que algo debe haber detrás de que el AVE de Renfe se pare y deje pasar a los dos trenes privados, aun a costa de llegar tarde y tener que devolver parte del dinero del billete a los usuarios. El presidente de Renfe y la secretaria de Estado de Transportes han dimitido; a que sospechan, como yo, lo que puede estar pasando.

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