CRUCE DE CAMINOS

Zaragoza y la lluvia de proyectos

Las promesas electorales no suelen responder a las expectativas de una ciudad demasiado acostumbrada a que no se hagan realidad

Así está la ribera del Huerva en la actualidad

Así está la ribera del Huerva en la actualidad / Ángel de Castro

Ricardo Barceló

Ricardo Barceló

Los zaragozanos asisten en los últimos días a un carrusel de anuncios con los que los partidos políticos tratan de ganarse el voto de los ciudadanos. No es ninguna novedad sino el denominador común de una precampaña electoral que gana en intensidad conforme se acerca la fecha del 28 de mayo. Sin embargo, las dudas surgen el día después de los comicios, cuando aquellos que han depositado su voto y confían en los proyectos prometidos ven cómo empiezan a esfumarse, difuminarse y quedarse en los cajones de los despachos como si no hubieran existido. Las razones son infinitas, pero suelen estar vinculadas con la infrafinanciación de los proyectos, su judicialización, la derrota electoral de quien se comprometió a ello o simplemente a la falta de consenso político o social. La nueva incógnita ahora es si finalmente habrá o no fondos europeos para lograr la viabilidad de los proyectos, porque hoy todo pivota en torno a si la lluvia de millones procedentes de Europa tiene el destino elegido. O no.

Sea como fuere, Zaragoza siempre ha sido una ciudad muy dada a comprobar que los grandes anuncios nunca acaban siendo una realidad, salvo en contadas excepciones como la Expo de 2008. Por tanto, no es de extrañar la frustración del votante tras una cita electoral plagada de expectativas, si bien estas se ven amortiguadas por esa costumbre tan insana de hacernos a la idea. 

El gran proyecto del Partido Popular y de Ciudadanos para los próximos años es el comienzo de las obras de la nueva Romareda, aunque para ello será preciso el concurso de la propiedad, que se ha comprometido a desembolsar casi 140 millones de euros. La vía judicial ya planea sobre el nuevo estadio después de que el pasado viernes la refriega entre la DGA y el equipo de Gobierno PP-Cs volviera a sacudir la política aragonesa. 

No es de extrañar la frustración del votante tras una cita electoral plagada de expectativas, si bien estas se ven amortiguadas por esa costumbre tan insana de hacernos a la idea

No es, sin embargo, el único proyecto en liza de los populares. Esta misma semana presentó la segunda fase de reforma del río Huerva, una iniciativa llamada a hacer de la ciudad un lugar más habitable. Eso sí, para ello habrá que desembolsar 24 millones, una parte de los cuales procederá de los fondos europeos. O no. Moneda al aire. 

Mientras los populares fían sus bazas electorales a proyectos de ciudad que dejen huella, los socialistas, de la mano de su candidata, Lola Ranera, han optado por volcarse en la movilidad como su 'leitmotive' con la segunda línea del tranvía de Zaragoza. Se trata de un viejo sueño que queda lejano por su elevado coste, pero que parece resucitar ante la posibilidad de que la vieja Europa riegue con parte de su financiación una infraestructura que vertebraría la capital con una línea este-oeste. La factura es elevada, más de 230 millones de euros. Ahí es nada.

Pero el dinero quizá no sea lo más relevante cuando la apuesta puede servir también para atizar a la rival política --en este caso, Natalia Chueca, candidata a la Alcaldía por el PP-- con un proyecto de movilidad sostenible, el área que la popular ha pilotado durante los últimos cuatro años. Mientras, Podemos redoblaba esta semana la apuesta al plantear un tren-tram que una la Plataforma Logística de Zaragoza(Plaza) con la capital aragonesa y Huesca; una línea rápida que combine Cuarte, Cadrete y María con el tranvía; y una de alta capacidad hasta el polígono de Malpica. Variantes hay para todos los gustos. 

Reconvertir Zaragoza y situarla en la vanguardia de la escena nacional exige consenso, iniciativas viables, una pizca de sentido común y pensar sobre todo en los que votan

Habrá más anuncios durante la próxima semana, algunos quizá sean tangibles o una realidad, pero la mayoría estarán en el aire hasta que Europa o el destino o la política disponga. Afortunadamente, otros se han hecho realidad hace solo unos días como el Pabellón Puente, reconvertido en Museo de la Movilidad. Hay esperanza.

Pero si cada uno de los zaragozanos echa la vista atrás podrá comprobar que el humo forma parte de la política. Los proyectos que se han quedado por el camino son innumerables. Porque reconvertir Zaragoza y situarla en la vanguardia de la escena nacional exige consenso, iniciativas viables, una pizca de sentido común y pensar sobre todo en los que votan. Quizá por eso, los sueños han sido, la mayor parte de las veces, tan solo sueños.