VIRANDO A BABOR

Gente de bien

Miguel Miranda

Miguel Miranda

Hace unos días que vivo sin vivir en mí. La duda me corroe, me quita el sueño, altera mi estado de ánimo y hasta mi apetito, que ya es decir. ¿Estaré o no entre la «gente de bien» que lleva Feijóo en la cabeza? Y si no, es que estoy entre la «gente de mal», o sea, soy «mala gente». ¿Y qué he hecho yo para merecer tan despectivo calificativo? Sería bueno que Feijóo y sus gentes nos explicaran los requisitos para ser «gente de bien». Por ejemplo si son requisitos reprobar los derechos de las mujeres, escandalizarse porque las minorías conquisten derechos, votar en contra de la subida del salario mínimo y de la reforma laboral, subir las pensiones con el IPC, ser de misa y comunión diaria, pertenecer al Opus, en fin, abjurar del sanchismo y su manía de gobernar financiando la sanidad, la educación o aumentando sustancialmente las becas para los estudiantes que las necesiten, etc. etc. Yo creo que va por ahí la cosa. O sea, hay que ser del PP o de Vox para ser «gente de bien» y defender solo los intereses de los más ricos. La «gente de bien» es la que trabaja para que la «mala gente», intoxicada, les siga votando y así llegar a tener el Gobierno y seguir destruyendo lo que es de todos y afianzando un Estado clasista, en el que a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Hay que ser «gente de bien» para pactar o gobernar apoyados por la ultraderecha y tragarse sus sapos. Por cierto, antes de que me lo echen en cara, advierto de que estoy hasta las narices de la estigmatización de los socios del gobierno por parte de la «gente de bien». Gracias a ellos hay una mayoría parlamentaria que ha permitido las políticas económicas y sociales que ha desarrollado este gobierno. Y es que más allá de batallas de esas que llaman culturales que tanto importan a la gente de bien, hoy este país es un poco más justo y un poco más igualitario. Otras mayorías parlamentarias son las que nos deberían preocupar.

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