Sala de máquinas

Políticos cercanos... o no

Juan Bolea

Juan Bolea

El presidente de las Cortes de Aragón, Javier Sada, ha afirmado en una entrevista a esta cabecera que no es cierto que los políticos se hayan alejado de la gente. Durante un rato me he quedado pensando. ¿Tendrá razón Sada, no la tendrá…? Pero también pensé: ¿Y por qué razón la segunda autoridad de Aragón habrá considerado oportuno lanzar esa afirmación, eliminando toda distancia entre el representante y el representado, entre el político y el administrado, entre el candidato y el electorado? Si lo ha dicho será porque lo piense así, porque conoce y puede nombrar a políticos a pie de calle cuyo ejercicio no ha modificado su manera de pensar o actuar. Igualmente muchos de ustedes podrían llenar una lista con políticos próximos y eficaces. La mayoría de alcaldes y concejales rurales obedecen a ese perfil cercano, con los pies en la tierra de sus respectivos pueblos o pequeñas ciudades, esforzándose por solucionar problemas vecinales sin retribución alguna. En ellos no se da el modelo de dirigente alejado de la realidad, por lo que, en esta categoría, Sada tendría razón.

Habría que ver si la mantiene si ascendemos algunos metros más en la cúpula del poder. En las alturas del Gobierno central y autonómico, de los jefes de la oposición, alcaldes de grandes ciudades, eurodiputados, senadores, diputados o delegados del gobierno descubriremos otros ejemplares de la fauna política que sí se han alejado de sus representados, de sus electores. No cuatro ni cinco. Muchos.

La razón de su distanciamiento no obedecería a un súbito odio o sobrevenido desprecio hacia el ciudadano común y su realidad social, sino al secuestro de su tiempo y, lo que es más grave, de su pensamiento y voluntad por el partido y el cargo político.

Será en esas esferas de poder, en las que deberá mantenerse si pretende seguir haciendo carrera, donde el dirigente cada vez más alejado de la calle se acercará al becerro de oro y al espejismo del poder. Cada vez más cerca de su roca magnética será abducido por una deshumanizada suprarrealidad, transformándose en servidor de sí mismo al sumiso servicio de su ambición de poder, siendo capaz de vender a su madre ya no por un ministerio, sino por engrosar una lista con esperanzas de escaño. Si a la legítima, aunque peligrosa, atracción de la gloria política se suma la del dinero descubriremos al dirigente que se aleja... pero para huir de la justicia.

Hay dos clases de políticos. Una no es buena.

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