Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | TERCERA PÁGINA

Francisco Javier Juárez Gracia

Destrucción y sacrificio

Las zonas despobladas no son territorios sin recursos, disponen de valores que hoy todos buscamos

El término «territorio de sacrificio» se originó en América Latina, para describir las comunidades que viven cerca de minas, plantas de energía u otros proyectos industriales que explotan intensivamente esas zonas con escasos beneficios para sus habitantes y su territorio.

Las zonas despobladas no son territorios sin recursos, disponen de valores que hoy en día todos buscamos. Aire puro, bosques y prados, reservas faunísticas de primer orden, alimentos frescos y elaboración artesanal, espacios intactos a la actividad humana y también restos inestimables de la historia y del paso del hombre por esos territorios.

Restos prehistóricos, ermitas y castillos, pozos, fuentes, trincheras, minas, parideras o muros de piedra seca, son muchos de los ejemplos que se pueden contemplar por el extenso territorio de Aragón y que generan riqueza a través del turismo rural de interior. Patrimonio histórico, natural e industrial que merece protegerlo y preservarlo para dejarlo en herencia a nuestros hijos, y para el resto de la humanidad. Por este motivo se creó la figura de Bien de Interés Cultural de Aragón en la Ley de Patrimonio cultural aragonés de 1999.

Lejos de esos objetivos está el Gobierno de Aragón, con Javier Lambán a la cabeza, que planifica un futuro de destrucción de ese potencial, como ha hecho con la central térmica de Andorra y seguramente lo hará también con la arquitectura de piedra seca del Maestrazgo, que fue declarada Bien de Interés Cultural en 2002 y Bien catalogado Inmaterial en 2016. Pretende cambiar nuestro patrimonio natural, industrial y cultural por un territorio rural plagado de placas y molinos para generar electricidad para las zonas industrializadas de España (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Zaragoza), precisamente aquellas que se llevan los empleos y la gente joven de nuestro medio rural.

También apuesta por llenarnos de macrogranjas y macromataderos de cerdos para exportar a terceros países, pagando sueldos de miseria a los inmigrantes que trabajan en ellos, mientras contaminamos nuestras aguas y acuíferos. Un colonialismo del siglo XXI en toda regla y que configura un futuro muy negro para Aragón.

Juega con los ciudadanos de las zonas rurales vendiendo demagogia y realizando afirmaciones que sabe que a día de hoy no son verosímiles. Les dice que «tendrán la luz gratis», algo imposible cuando la generación va por un lado y la comercialización por otro. Este Gobierno autonómico, lejos de incentivar las comunidades energéticas o el autoconsumo, lo que sí podría suponer una democratización de la energía y una rebaja de la factura eléctrica, lo ha frenado (de 6.675 solicitudes de autoconsumo a 17/01/2023 tan solo había resuelto 1.157), mientras se pone alfombra roja a las empresas eléctricas que se limitan a tramitar los proyectos y luego venderlos a los fondos buitre extranjeros. Por eso en el Inaga algunos les llaman los «conseguidores».

Pone en manos de las grandes empresas el recurso del sol y el viento mediante el yugo de la expropiación forzosa, con una muy dudosa utilidad pública, mientras al ciudadano le hacen pagar en la factura de la luz el impuesto correspondiente, para que ellos hagan el negocio con los fondos europeos que el propio Gobierno distribuye. Y para colmo le suben el pan y la hipoteca, en lugar de controlar a los que se lo están llevando a manos llenas.

Hay una pregunta clave para nuestro desarrollo: ¿es beneficioso para Aragón y España reducir su superficie cultivable y el número de agricultores de las zonas rurales? Sinceramente, creemos que no. Agravará nuestro enorme desequilibrio territorial y haremos dependiente al país de la importación de productos alimenticios de terceros países.

Gobiernos que imponen sus proyectos sin consultar con las comunidades locales, sin respetar sus derechos y sus formas de vida, perjudicando sectores de desarrollo asentados, degradando los ecosistemas naturales, contaminando el aire y el agua y llevando a la desaparición de muchas especies. Y todo con el falaz abanderamiento de la lucha contra el cambio climático y el reto demográfico.

Lambán sabe que, con esa estrategia económica cortoplacista, el campo se quedará vacío, se abandonarán las tierras de labor y la despoblación será irreversible, pero le da exactamente lo mismo. Ese modelo de Aragón no es el nuestro.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents