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Opinión | Sala de máquinas

Ángel J. Torres

Hay algo conmovedor en esos fotógrafos que valoran tanto la realidad como para no adulterarla. Otros la retocarán en sus cubetas y ordenadores, con sus filtros y programas, embellecerán, afearán, convertirán una manzana en un planeta, en un monstruo una silla, en bruja la princesa, en reina la mendiga, el túnel en círculo, en interrogación la recta, pero otros... Otros, como Ángel José Torres Escriche, dispararán su objetivo frente a la realidad, limitándose a captar sus colores, su profundidad, la luz y el elemento humano que la habita y fatiga, el alma que nos hará llorar o sonreír porque a él le invitó a pensar cómo captarla...

Después de una larga y fértil vida recorriendo los campos y las calles de Teruel, su paisaje natural, urbano, rural y humano, Ángel J. Torres ha legado un valioso tesoro de imágenes que ahora, de la mano de Sara Torres y del Instituto de Estudios Turolenses, nos llega en forma de un bello libro de fotografías, con un omnipresente Teruel invitado a desnudar sus secretos ante la cámara discreta, reservada, auténtica, de ese gran artista de la fotografía que fue Torres Escriche.

Con singular constancia y fidelidad, con la misma sencillez con que de niño repartía leche por las casas, o con que de adulto impartía sus clases, sabedor de que el arte se produce fuera de nosotros, y de que la belleza nos es ajena, este gigante con una pequeña cámara armado se apostaba en riberas y torres, disparó desde vegas y castillos, se detenía, como el tiempo sólo se para en Teruel, ante los hombres sentados en un banco, en apariencia quietos, pasivos, pero con tanta historia detrás que cualquiera con imaginación, información y buen gusto podría contarlas...

Siendo estas fotos de Torres, por tanto, no testigos mudos de las últimas épocas de Teruel, no meras postales decorativas de paredes que cayeron hace años, sino la puerta que abre el cerrojo de la memoria a una inteligencia creativa, a testigos de acontecimientos que perturbaron o confortaron la convivencia, sombras de un porvenir por disfrutar, por contar y fotografiar... Porque habrá otros, claro, veremos de nuevo la sombra de nuevos fotógrafos por las calles de Teruel buscando inspiración en sus rincones y en sus grandes espacios, como ya hizo, como casi nadie hará, Ángel J. Torres.

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