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Opinión

¡A ti que más te da!

Esta frase la pronunció hace un mes, de manera soez, maleducada, nerviosa y atropellada, esa lumbrera llamada Patxi López, portavoz socialista en el Congreso de los Diputados, cuando un periodista le preguntó en rueda de prensa por los nombres de los quince diputados socialistas que en pleno confinamiento se habían ido a cenar, se supone que «gratis total», a un restaurante de Madrid, y luego de «picos pardos». Los estudiantes de la universidad salamantina en el siglo XVI sabían bien qué significaba esto; o sea, «ir de putas», así, sin eufemismos, que ahora estamos menos versados en imágenes literarias que en la Salamanca renacentista.

La burda grosería de López, exlehendakari y expresidente del Congreso con los votos del PP, ¡qué cosas, eh!, no hacía sino ratificar lo obvio: que los ciudadanos les importamos un comino a los de la casta.

La política española está sumida en un verdadero cenagal donde lo que prima no es servir a los contribuyentes que sostienen con sus impuestos todo este tinglado, sino bracear hacia donde sea para salvarse del naufragio, a costa de cualquier principio ético, de cualquier sentido del honor, de cualquier valor moral o de cualquier fundamento de decencia. Mantenerse en el cargo, cueste lo que cueste, es la obsesión de buena parte de la elite política española, y valga también para el nivel autonómico. «¡A ti qué más te da!» es la expresión que mejor refleja que en el actual panorama político español mantenerse es lo único que interesa a esa casta que domina los aparatos de los partidos.

No importa nada que Patxi López, Pilar Alegría (ministra de Educación), Ione Belarra (ministra de Asuntos Sociales), Santiago Abascal (presidente de Vox) y tantos otros y otras de la casta no sepan hacer la «o» con un canuto; no importa que seas ministra, que los de tu propia coalición te desmonten una ley como la del sí es sí, y no te plantes y dimitas; no importa que en el Parlamento de Andalucía el PP y Vox legalicen los regadíos ilegales y salvajes en los alrededores de Doñana, que durante 40 años consintieron los gobiernos autonómicos del PSOE; no importa que las Cortes de Aragón, con gobierno de Izquierdas y el apoyo entusiasta del PP y de Vox, estén dispuestas a destrozar la Canal Roya, un valle virgen del Pirineo, para comunicar dos estaciones de esquí, pese a que muy pronto no habrá nieve por el cambio climático; no importan ni el sentido común ni el bien público ni el bienestar de los ciudadanos ni el respeto al medio ambiente.

Total, ¡a ti qué más te da.

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