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Opinión | HOGUERA DE MANZANAS

‘Lasciate ogni speranza’

Me las prometía yo muy felices en mi última Hoguera pensando que, tras las elecciones, vendría un breve descanso lingüístico sin campaña electoral. Desconocía entonces que apenas unas horas después el adelanto de las generales nos metería de lleno en otra sin solución de continuidad. Pero qué más da, si vivimos inmersos en la neolengua de cualquier manera, no sólo porque en lo político ya se han asimilado giros eufemísticos que harían sonrojar a Juan de Mairena, con ejemplos infames como «asumir la titularidad indirecta» para nacionalizar, «flexibilizar el mercado laboral» para abaratar el despido o el consabido «rememos todos juntos» para expresar «esforzaos, cabrones, que quiero más beneficios». A todo eso debemos sumar a las personas gestantes y, por supuesto, a las personas menstruantes de hoy en día que ya no recordarán que, tras el golpe militar en Chile, a las torturas se les empezó a llamar «apremios ilegítimos». En un vídeo que circula por internet, una muchacha habla de «la concepción de una biopolítica positiva a nivel foucoltiano y la imposibilidad de evadir el carácter corporal de la performatividad» y juro por Dios que a su lado aparecen caras de personas –menstruantes y no menstruantes– asintiendo con fervor. Tal vez incluso Orwell se desesperase con las nuevas terminologías de las leyes de Educación donde a un simple debate en clase se le llama «tertulia literaria dialógica» y a las actividades «productos», creando una ridícula y extraña confluencia entre los profesores y los directores de marketing. Todo es confusión, pedantería, pretensión e inelegancia. Pero por la Virgen, si para decir que va a llover mucho ya no basta con nombrar la tormenta con la sencillez y la gracia de una canción de Brassens. Ahora, por menos de una ciclogénesis, no hay cumulonimbo que se menee.

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