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Opinión | EL ARTÍCULO DEL DÍA

¿Deberes escolares en verano?

Los chicos y chicas tienen derecho a descansar en verano, es «su» tiempo de vacaciones

¿Deberes escolares en vacaciones? La respuesta es simple: sí, pero depende. Depende del tipo y cantidad de esos «deberes» y de lo que pueda ser aconsejable a cada edad. Y, por cierto, «deberes» también para las familias, para el profesorado y para los gestores (políticos) de nuestras administraciones públicas, especialmente las educativas. Vayamos por partes.

Deberes para el alumnado. Partamos de lo más elemental: los chicos y chicas tienen derecho a descansar en verano, como todo el mundo. Es «su» tiempo de vacaciones y lo necesitan para jugar, explorar, divertirse e incluso para aburrirse; así volverán en septiembre, con mayor energía y más motivados, a la rutina diaria del curso. Ese descanso veraniego se puede «rellenar» (compaginar) con actividades muy diversas, incluidos ciertos «deberes» escolares. Les pueden venir bien a todos, pero especialmente a quienes tuvieron dificultades durante el curso y necesitarían reforzar lo adquirido en las aulas. No se trata de los tradicionales deberes, sino de actividades personalizadas de refuerzo, enfocadas hacia sus necesidades concretas y programadas secuencialmente para no cargar (ni distorsionar siquiera) su merecido tiempo de ocio y descanso.

Lo realmente provechoso para el alumnado con necesidad específica de apoyo educativo (y para todos) es generarles situaciones de aprendizaje significativo; propuestas que no tienen que ser aburridas, sino todo lo contrario: juegos sobre papel (de letras, números, figuras, etc.), completar y escribir textos, «hacer» esto o lo otro (manualidades, recetas, etc.), observar la naturaleza para buscar y clasificar (plantas, insectos, etc.), visitar un monumento o un museo, realizar ejercicios de discurrir y un largo etcétera. Actividades que fomenten la creatividad. Jugar mientras se aprende y aprender mientras se juega; en definitiva, el tópico clásico (Horacio) de aprender deleitando. Las competencias pueden adquirirse por procedimientos diversos, utilizando metodologías que promuevan la autonomía y la reflexión. ¡Y sin evaluaciones por medio!

Deberes programados en función de la edad (cuanto más pequeños, menos deberes) y teniendo en cuenta necesidades, intereses y posibilidades. Porque la alternativa no puede ser pasar horas y horas pegados a una pantalla. El verano se les hace muy largo a muchos chavales; sobre todo, a aquellos (y son muchos) que no tienen recursos de ocio en su lugar de residencia, ni pueden irse de vacaciones fuera de casa ni pagarse una colonia escolar en la montaña ni mucho menos una estancia en el extranjero. Las vacaciones escolares de verano ponen en evidencia (una vez más) la brecha social existente y pueden contribuir a ahondar, además, la brecha escolar e incluso la académica; a fin de cuentas, todo el alumnado matriculado en un mismo centro educativo dispone de los idénticos medios (profesorado, recursos, etc.) dentro del aula, algo que no sucede cuando salen fuera.

Deberes para las familias. También. En la medida que puedan, claro, echarles una mano (si la necesitan) en los «deberes» escolares, porque hay padres y madres que tienen dificultades para entender incluso el libro de texto de sus hijas e hijos. Pero todos, sin excepción, pueden ayudarles. Cuando salen a pasear por la localidad o van de viaje, por ejemplo, comentando los lugares y paisajes por donde pasan. Y aprovechar que no hay tareas académicas para animarlos a leer lo que les guste, facilitarles libros (las bibliotecas públicas los prestan gratuitamente) y comentar si se quiere lo leído. Y compartir las tareas domésticas. Y, sobre todo, hablar y jugar con ellos. Convivir.

Deberes para el profesorado, que no debería «desconectar» completamente del aula. Disponen de mucho tiempo para descansar y para leer algo de pedagogía; quien no se actualiza en didáctica, que no venga luego diciendo que no entiende los cambios de las reformas educativas. La docencia es una profesión, como tantas otras, en la que hay que estar en actitud proactiva y, consecuentemente, en permanente reciclaje. Mal profesional sería un profesor que, imparta el nivel que imparta, se ha quedado anclado en lo aprendido en sus años universitarios, «acostumbrado» sin más a la rutina del aula y poco dispuesto a aprender cada día (y en equipo) para mejorar su práctica docente.

Y deberes para los responsables de las administraciones educativas. Especialmente intensos para los de gobiernos autonómicos, pues la gestión de la educación no universitaria corresponde a las comunidades autónomas. Se examinan en septiembre. Y la nota dependerá de cómo comience el nuevo curso.

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