El Periódico de Aragón

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Carolina González

¿De qué cambio climático me hablas?

Lo que les voy a relatar a continuación es lo que Naciones Unidas dice del cambio climático. No son afirmaciones de un partido político, ni de científicos botarates, ni de ecologistas integristas encabezados por Greta Thunberg. «Cambio climático se refiere a los cambios a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos; estos cambios pueden ser naturales, debido a variaciones en la actividad solar o erupciones volcánicas grandes. Pero desde el siglo XIX, las actividades humanas han sido el principal motor del cambio climático, debido principalmente a la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas (sic)».

Recientes tragedias humanas han sido causadas por fenómenos atmosféricos. Una tormenta en el caso de Libia, dejando más de 6.000 muertos y 9.000 desaparecidos, y un terremoto en Marruecos, con 3.000 muertos y 5.500 heridos. Más factores han determinado la magnitud de ambas catástrofes como la rotura de dos presas o la precariedad de las construcciones, respectivamente, pero no cabe duda de la influencia de la intensidad de los episodios. Hace tiempo que los expertos advierten que las lluvias y las olas de calor serán cada vez más extremas.

Miles de estudios científicos y profesionales avisando de la variación del comportamiento del clima no resultan suficientes para convencer a la ciudadanía. Ni siquiera nos convence sufrir sus consecuencias en primera persona, porque ya se sabe que cada kilómetro que nos distancia de una fatalidad nos resta un miligramo de dolor. Hemos padecido filomenas, gèrards, fíen, beatrices, patricias, danieles; nevadas históricas intercaladas con temperaturas altísimas en pleno invierno; olas de calor larguísimas, con mínimas altísimas y altas disparadas en verano; primaveras excesivamente secas. Nos hemos acostumbrado a ver avenidas convertidas en rieras, aunque cuando han pasado por delante de nuestra casa los coches flotando nos hemos preocupado más de la cuenta, y camiones cisterna llevando agua de boca a pueblos cuyo suministro no estaba garantizado por la escasez de reserva del embalse del que se abastecen.

Ninguna de estas experiencias y advertencias sirven para abrir los ojos a quienes siguen negando el cambio climático. Persisten en su argumentación de que es lo que ha pasado toda la vida y, en caso de admitir una mínima alteración, alegan que hacer algo como país no es suficiente para los excesos que cometen el resto. Señalan a China, India o Estados Unidos sin reparos. Así que nada, también en este asunto, como en otros muchos, sigamos actuando «como toda la vida» porque parece que algunos todo lo que suene a nuevo, les inquieta.

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