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Opinión | EL ARTÍCULO DEL DÍA

Educar sobre la paz y educar para la paz

La escuela puede ser un gran instrumento de desarrollo de hábitos de solidaridad, justicia y libertad

Gaza, Ucrania y tantos otros conflictos y guerras olvidadas. Un profesor más asesinado en el mundo civilizado. Terrorismo y fundamentalismo. Violencia y asesinatos machistas en nuestro país. Muertes en pateras cruzando los mares. Y así, un rosario de desgracias y miserias que cada día llenan las redes y los medios de comunicación. La escuela como institución, en todos sus niveles de enseñanza, no puede seguir aislada, como si no pasara nada. Debiera actuar en dos frentes, en este caso nada enfrentados sino complementarios y hermanados.

Educar sobre la paz. Es importante conocer lo que pasa en el mundo actual. En este momento, cuando suenan tambores de guerra en varias zonas del planeta y se masacra a poblaciones enteras, se hace más precisa que nunca una educación sobre la paz y para la comprensión internacional, intentando entender las pautas de actuación de unos y de otros contendientes. Teniendo en cuenta la edad y el nivel del alumnado, habrá que proporcionarle información lo más veraz posible sobre la situación internacional. Utilizando prioritariamente la prensa y otros medios, en las aulas se pueden analizar (y tratar de entender) los conflictos actualmente existentes; sus repercusiones en las poblaciones afectadas, tanto en los derechos humanos como en el medio ambiente; las posturas de las grandes potencias y bloques geopolíticos; y el papel que juegan los organismos internacionales teóricamente creados para dar estabilidad al ordenamiento mundial.

Esa educación sobre la paz no es específica de asignatura alguna ni se imparte en un curso determinado, aunque el estudio de la actualidad aparece directamente en el currículo de Conocimiento del Medio, Geografía e Historia y Educación en Valores Cívicos, por ejemplo. Hay tiempo y espacio para comentar la actualidad en esas y otras áreas y materias y, además, en las tutorías y las actividades complementarias y extraescolares, por ejemplo. Y está muy bien organizar un día anual por la no violencia o a una campaña escolar, actividades valiosas aunque no suficientes. La educación sobre y por la paz es mucho más. Fundamentalmente, si se entiende el término «paz» desde una concepción positiva, como proceso dinámico que comienza por las relaciones interpersonales y que pretende abrir nuevos círculos de solidaridad.

Educar para la paz. Un paso adelante. Antes de nada, conviene plantearse varias preguntas para así pisar tierra firme y no flotar en la nube de las buenas intenciones. ¿Qué valores morales pueden transmitirse desde la escuela cuando lo que socialmente se prima es el individualismo y la competición, caiga quien caiga, prácticamente en todas las esferas sociales? ¿Qué argumentos le quedan al profesorado para promover el respeto y la tolerancia cuando la violencia se extiende como una mancha de aceite en ambientes cercanos y lejanos? ¿Qué conceptos pueden desarrollarse sobre la paz y qué inteligencia puede formarse frente a la malsana y estúpida lógica de la guerra y la carrera armamentística?

Y una vez obtenidas las respuestas, avanzar con decisión. Porque a pesar de todo, todo es posible. La escuela tiene mucho que decir si pierde su falsa neutralidad y se transforma en instrumento de desarrollo de hábitos de solidaridad, justicia y libertad. En ese sentido, educar para la paz no debería quedarse en un listado de deseos escritos en el viento, sino traducirse en un compromiso de la institución escolar para que todos sus componentes aprendieran (y lo practicaran) a no ser indiferentes ante lo que sucede en la actualidad, sea a su alrededor o a muchos kilómetros de distancia.

Ese compromiso de construcción de la paz habría de remarcarse en los documentos y programas institucionales, singularmente en los proyectos educativos de los centros, aunque lo trascendente es que se haga realidad en el día a día de las aulas. Porque esa educación para la paz conlleva una nueva forma de aprender y enseñar entroncada con la vida, donde la escuela promueve la formación de valores éticos y actitudes sociales positivas y eso se traduce en unas relaciones interpersonales positivas en todo el centro educativo. Ningún tipo de violencia puede ni debe anidar entre los pupitres. La educación sobre y para la paz es (debiera ser) una misión compartida entre la escuela y el resto de instituciones y una tarea asumida como algo habitual por las familias, los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto. Si no es así, se corre el riesgo de que la laboriosa concienciación que muchos docentes intentan hilvanar en sus clases vaya destejiéndose de puertas afuera de la escuela.

Conocimiento y reflexión sobre los conflictos bélicos y otros muchos problemas existentes en el mundo actual y, a la vez, entendimiento personal y colectivo para evitar y resolver aquellos conflictos que se producen en el entorno más cercano. Educación sobre la paz y para la paz: edupaz.

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