En los primeros años 70 la naturaleza no era una prioridad en la sociedad, sólo algunas personas adelantadas o sensibles fueron capaces de ver la importancia de mirar de una manera especial y conocer nuestro entorno. Todo lo que ello comprendía era ni más ni menos que la fauna, la flora, la geología, el paisaje y las gentes que lo habitaban.

Uno de estos adelantados fue el naturalista aragonés José Manuel Falcón Martín, del que ahora se cumplen 20 años de su fallecimiento. Autor de varios libros pioneros en el conocimiento de la Herpetología y en la Educación Ambiental en Aragón publicados ambos nada menos que en 1982. El primero de ellos, Los anfibios y reptiles de Aragón, editado por Librería General, nos abrió el camino para la divulgación y el conocimiento de una fauna muy poco estudiada hasta ese momento.

Contenía una descripción de las especies encontradas en los diferentes ambientes aragoneses y una clave para su identificación que permitía a cualquier persona iniciarse en este mundo tan fascinante y poco conocido. Las fichas elaboradas en aquella época, con los datos biométricos y características de todos los especímenes encontrados fueron publicados en 1987 en la Revista española de Herpetología, y junto a los datos que se siguieron recogiendo han servido para realizar un mapa de distribución y ver la evolución de sus poblaciones hasta la actualidad. Unos datos considerados muy valiosos en el actual escenario de cambio climático. Así se lo reconoció la Sociedad Herpetológica Aragonesa, declarándole miembro Honorífico.

Desde el año 1977, los Jóvenes amigos de los animales de Zaragoza Jaanz se habían asociado para conocer juntos la naturaleza y habían ido desarrollando un gran aprendizaje de manera autodidacta. Diez años después formó parte del nacimiento de Ansar, Asociación Naturalista de Aragón, vivero permanente de naturalistas y motor de numerosas iniciativas que ponen en valor nuestro medio natural. Falcón siempre estuvo comprometido a pesar de la enfermedad que desde muy joven le impedía caminar, que aunque no se lo ponía nada fácil, él siempre encontraba la manera de sortear las dificultades y continuó con su pasión hasta el final.

Y el segundo libro, la Guía ecológica de Aragón para estudiantes, editada por la Delegación de enseñanza del Ayuntamiento de Zaragoza, en el que animaba a padres y profesores a salir de las aulas con sus alumnos y alumnas y recorrer los distintos paisajes y ecosistemas de Aragón. Aprender a conocer es el camino para amar y proteger la naturaleza decía. Falcón planteaba esta iniciativa consciente de estar en una sociedad cada vez más urbana, en la que los jóvenes ya no podían disfrutar del campo como lo habían hecho sus padres en los pueblos. Quería que todos los niños y niñas gozaran de esa felicidad que él mismo había conocido cuando correteaba por Urrea de Gaén. También era consciente de la necesidad de que todo el mundo tuviera acceso a este conocimiento como el mejor camino para su conservación.

Ahora resulta muy fácil encontrar guías de cualquier aspecto relacionado con la naturaleza, itinerarios guiados, centros de interpretación, etc., pero hace tan solo 40 años no lo era. Más bien al contrario. Pero eso no desanimaba a estos jóvenes que ansiaban llegar al fin de semana para poder hacer una escapada a cualquiera de estos lugares llenos de vida y que eran todo un mundo por descubrir y disfrutar.

Veníamos de años de desarrollismo que habían arrasado con buena parte del medio natural con grandes pantanos, carreteras, roturaciones y plantaciones de monocultivos de árboles de pinos o eucaliptos, etc. No había ningún lugar que estuviera a salvo de su deterioro y por eso comenzaron algunas acciones para promover la conservación de los lugares que todavía merecía la pena conservar. Falcón estuvo siempre en todas esta iniciativas de defensa de la naturaleza, como ideólogo y organizador, y también con su «piquito de oro» como le decíamos los amigos y amigas, en numerosas entrevistas de radio y televisión. Su formación y su inquietud le hacían escribir numerosos artículos de prensa en los que vertía ideas novedosas relacionadas con el incipiente ecologismo que empezaba a fraguarse en la sociedad española recién llegada la democracia.

De su experiencia personal con la enfermedad y de sus ganas por seguir viviendo como uno más, nacieron iniciativas muy recordadas a favor de la autonomía para las personas con discapacidad como las huelgas de hambre que realizó con la intención de llamar la atención de la sociedad y encontrar soluciones como los pisos tutelados o las ayudas a domicilio que le permitieran seguir viviendo en su casa. Si bien consiguió algunas mejoras, estas no eran suficientes para poder desarrollar su actividad diaria, ya que no pasaban de lo meramente asistencial. Por ello puso en marcha una iniciativa novedosa que le llevó a Ecuador, donde con su pensión de profesor fue capaz de construir su propio hogar, en el que vivía rodeado de animales, y donde formó una familia. Nunca dejó de aprender sobre la fauna y de recorrer los lugares más salvajes de las selvas sudamericanas siempre que podía. Para él no existían los límites.

Falcón además dejó huella entre amplios sectores de la sociedad cultural y política aragonesa ya que sus inquietudes abarcaron también lo social y la política, siendo candidato al Senado en su firme voluntad de llevar la ecología y los temas sociales a las instituciones.

Parte de sus cenizas reposan junto a la Sabina de Villamayor, árbol milenario y solitario que ayudo a proteger y al que salvó de una tala inminente. Hoy, 20 años después de su muerte, un monolito con una inscripción dedicada por la Ciudad de Zaragoza sigue recordando quién fue José Manuel Falcón: «Naturalista, Premio Medio Ambiente de Aragón 2001: en reconocimiento a su tenacidad en la defensa de la de la vida y la naturaleza».