Opinión | SALÓN DORADO

La ley de amnistía

Llámenme orate, pirado o masoquista; lo merezco porque acabo de leer la Ley de Amnistía aprobada este jueves en el Congreso por 177 votos (172 en contra). El texto está publicado en el Boletín Oficial de las Cortes Generales, Congreso de los Diputados, serie B, número 32-10, el 14 de marzo de 2024. Tiene 18 páginas, de las cuales el farragoso y reiterativo Preámbulo ocupa nada menos que 10, dejando sólo 8 para los 16 artículos. Debe de ser la primera vez en la historia de la humanidad que el prólogo es más largo que el resto del texto.

Desconozco quién ha sido el redactor que ha perpetrado semejante engendro lingüístico, pero debería asistir a un curso de Escritura y Redacción, y ya no sé, pues no soy jurista, si a otro de primero de Derecho (o de Decencia), porque en el Preámbulo se asegura que esta ley es constitucional, cuando hasta el 23 de julio del año pasado el presidente del Gobierno, al cual se le supone conocimiento de la Constitución, todos los ministros y demás caterva de esa sección de la casta política afirmaban por activa, pasiva y perifrástica que la amnistía no lo era.

Entre las varias «joyas» de esta ley, en el artículo 1 se dice que «Quedan amnistiados los siguientes actos determinantes de responsabilidad penal, administrativa o contable, ejecutados en el marco de las consultas celebradas en Cataluña el 9 de noviembre de 2014 y el 1 de octubre de 2017, de su preparación o de sus consecuencias, siempre que hubieran sido realizados entre los días 1 de octubre y 13 de noviembre de 2023». La justicia al servicio del delincuente, tal cual.

En el artículo 2 se contemplan algunas excepciones, como «los malos tratos», «la tortura» o «delitos de traición y contra la paz o la independencia del Estado». Mayor contradicción no cabe, con un par.

Eso sí, la primera de las tres disposiciones finales modifica un artículo de la Ley Orgánica 2/1982 de 12 de mayo del Tribunal de Cuentas, que la pela es la pela.

Supongo, igual me equivoco, que muchos de sus señorías no se han leído esta ley –les alabo el buen gusto–, porque si, tras hacerlo, han votado a favor es como para buscar de inmediato asilo en Nueva Zelanda.

Les recuerdo que hoy sábado comienza la Feria del Libro de Zaragoza, trigésimo primera edición ya, que se celebra por tercera vez en el parque José Antonio Labordeta, hasta el domingo 9 de junio. Durante quince años estuve sosteniendo en solitario esta ubicación, sin que nadie me hiciera caso, aunque ahora están tan contentos todos los que se oponían. Disfrútenla.