Opinión | EL ARTÍCULO DEL DÍA

De plagas y tendencias

Será importante saber que a partir de ahora lo banal toma cuerpo en nuestros cuerpos

A nuevos tiempos, nuevas plagas. No de otra manera se podrían definir las tendencias que han llegado a fustigar la vida cotidiana de los ciudadanos, preocupados por ver cómo se ocupa el espacio de cada día, aquel que ayer se regía por formas de vivir y pensar que habían tomado forma de normal, aunque normal es un adjetivo que nos trae a lo ordinario, a lo rutinario. También, las acepciones de lógico, natural, razonable vienen a reforzar su carácter habitual y aceptado por todos.

Ya no es normal que lo sea todo lo que no lo es porque lleva a un estado de cosas tan falsas como creer que no hemos cambiado. Llega de pronto la gran pregunta: ¿quién decide lo que es, o no, normal? Serán los nuevos tiempos de una globalidad mal entendida los que impongan cambios que nadie ha pedido, y puesto que nadie sabe de dónde han salido las consignas, vamos a no querer derribar sistemas o gobiernos y a caer simplemente en lo doméstico, en lo banal, para no hacernos más enemigos, que ya tenemos todos demasiados, aunque parezca no importarnos. No llegará la sangre al río, pero será importante saber que a partir de ahora lo banal toma cuerpo en nuestros cuerpos. Ninguna mujer con las uñas sin arreglar. Si yo fuera dueño de locales comerciales andaría relajado sabiendo que acabaré alquilando cualquier chamizo en cualquier barrio, pero sobre todo en el centro, para que, sin apenas gastos de instalación, se multipliquen los negocios de arreglo de uñas con anglicismo por medio: nail. Este fenómeno, posiblemente auspiciado por razas emprendedoras de los cuatro puntos del globo, viene acompañado por la multiplicación del pan y los peces que cortan el pelo. Literalmente. Las peluquerías, perdón, los gabinetes de barbería han florecido como setas después de unas buenas lluvias, pero barberías, peluquerías y establecimientos que anuncian rebajas en el corte para los pensionistas han rescatado aquellos símbolos que veíamos en las películas en fachadas con esos rodillos giratorios en tres colores, blanco, azul y rojo, y que se remontan curiosamente al siglo XII y que ahora parecieran recordar a la bandera de los States con toda la simbología que acarrea.

Van a llegar a tanto estas modas del cuidado de las uñas y del cabello, que, dividiendo los habitantes, incluso los «flotantes», por los establecimientos abiertos, les va a tocar arreglar a un puñado de clientes muy escaso. Pura matemática. Son fenómenos sociológicos difícilmente explicables. Pasó lo mismo, hace unos años, cuando en cada esquina abría un estudio de muebles de cocina, Claro, aquello necesitaba de una mínima inversión (no poca) y se los llevó la corriente de la economía, o, mucho más reciente, la eclosión de las fruterías, que, sin embargo, aguantan pese a todo.

Quizá deberíamos anotar que detrás de estas tendencias hay una nacionalidad específica: los barberos, magrebís; los fruteros, paquistanís; las manicuras, orientales. ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Cuánto control tienen los organismos municipales? Hemos dejado de lado los bazares de chinos porque ya han superado la prueba y vemos grandes locales llenos de un surtido de artículos sorprendente por la inversión/rotación/beneficio, a simple vista ruinoso, pero allí siguen. ¿Tendencias de mercado o simples tramas internacionales?

Aún tenemos otro fenómeno inclasificable: los libros y los que los escriben. Decía Manuel Vicent, nada sospechoso de dejarse llevar por las corrientes, que el mundo de la literatura está lleno de idiotas. Sus motivos tendrá para esta contundente declaración. Claro, que, conociendo a alguno, tal observación está justificada, aunque en honor a la verdad, los que lo son, sí, idiotas, son fácilmente identificables y solo hay que dejarlos que mueran por la boca, como el pez. Terminaremos peleando por cada lector e incluso se podría llegar a regalar por la compra de un poemario o libro de memorias un arreglo de manos más un corte de pelo a navaja o con cresta, y si fuera necesario, incluiríamos un par de aguacates, que son otra moda natural y saludable, por consiguiente, cara. Ah, y una foto dedicada de la editorial que te lleva a la feria después de descubrir el auténtico negocio de la autoedición. Otra cosa que se ha hecho normal para sacarle jugo al ego.