Opinión | SALA DE MÁQUINAS

La verdadera Sicilia

Sucede con Andrea Camilleri como con otros autores de novela negra, a los que el personaje principal de sus series se les acabó «comiendo».

Le sucedió a Arthur Conan Doyle con Sherlock Holmes y le ha ocurrido a Camilleri con el comisario Montalbano.

Pero hay otros Camilleri a los que incluso el lector más suyo debería conocer, pues saldrá ganando y mucho. En particular, si se anima con La guerra privada de Samuele (Salamandra), un conjunto de cuentos recién aparecido en castellano en los que el maestro siciliano brilla a gran altura.

El relato que da título al volumen evoca el terrible trato recibido por los judíos durante la dictadura fascista de Mussolini. Es, como los restantes, bastante largo, de unas cuarenta páginas. Excede bastante, por tanto, a lo que entenderíamos por la distancia natural del relato corto; pero tampoco llega a ser una novela, ni siquiera una novela corta, quedándose en un terreno intermedio o tierra de nadie que complica su publicación, al no resultar comercialmente rentable desde el punto de vista editorial. Por ello, hay que esperar a que los grandes autores hayan vendido la mayor parte de su obra, para ir complementándola con este tipo de piezas.

Que no sólo no son secundarias, sino entre las que, en este caso, podemos encontrar al mejor Camilleri. Capaz, como de costumbre, de trasladarnos a Vigàta, uno de sus habituales escenarios literarios, pero no para plantear delitos o resolver crímenes, sino para conocer mucho mejor a sus habitantes.

A los pescadores sicilianos, por ejemplo. Ellos pueblan el último de los relatos, Las cuatro Navidades de Tridicini. La conmovedora historia de un humilde pescador capaz de desafiar las iras y misterios del mar sin pedir nada a cambio, más allá de un humilde sustento para su familia o una maravillosa concha como regalo para su mujer. La forma de vivir de esos pescadores, su manera de entender la vida, el destino, el mar, la alegría o el amor nos asombra por su lucidez, claridad y precisión, tal como si el autor hubiese aprendido a lanzar las redes con ellos. Pero igualmente Camilleri sabe meterse «dentro» de profesores y curas, de gendarmes y muchachas en flor, de ingenieros y jueces sicilianos, en un gran «fresco literario» de su tierra que merece la pena leer.

Suscríbete para seguir leyendo