Opinión | el triángulo

El día de reflexión, el lunes

Las elecciones europeas dejan un reguero de muertos, comatosos y vivísimos. Entre estos últimos, un PP dispuesto a seguir arrinconando a Pedro Sánchez

Un Gobierno de izquierdas puede obtener los mejores resultados económicos de la zona euro y aun así recibir críticas, y puede hacer políticas progresistas, pactar con los empresarios para subir el salario mínimo interprofesional y mejorar las cifras del desempleo y, sin embargo, ser acusado de llevar el país a la ruina. Una vicepresidenta puede brillar en su puesto y no saber gestionar correctamente su propia plataforma política. Un movimiento social puede tener éxito inicialmente tras su salto a la política, pero terminar descalabrado. Presumir de la generación de jóvenes más formada académicamente puede ser compatible con ser la más manipulable en décadas. Lo esperable ha dejado de ocurrir y lo imprevisto se ha convertido en norma.

Las elecciones europeas dejan un reguero de muertos, comatosos y vivísimos. Entre estos últimos, un Partido Popular sorprendido por la distancia de cuatro puntos sacada finalmente a los socialistas y dispuesto a seguir arrinconando al presidente del Gobierno faltándole el respeto que aún le tenía llamándole explícitamente «puto perdedor». Bajo tierra, el frente de izquierdas Sumar agrupado inicialmente para maximizar sus votos y convertido al final en un desagüe por el que se ha ido esta vez su coordinadora general e Izquierda Unida. Entre ese cielo y tierra, un Podemos que aguanta contra viento y marea; y un PSOE igualmente resistente e incluso exitoso teniendo en cuenta cómo les ha ido a sus socios europeos. Al margen, fenómenos como el de Alvise Pérez, que entra en el Parlamento europeo con tres diputados desconocidos, sin programa y con la única promesa de poner fin a una fiesta en la que lleva intentando entrar años a través de partidos tradicionales que le han cerrado la puerta en las narices en varias ocasiones.

Más allá de la lectura que cada uno de los actores políticos haga de estos comicios, muchas preguntas siguen en el aire: ¿cómo se frena a la ultraderecha? ¿por qué los jóvenes continúan embelesados con líderes inconsistentes y falsarios? ¿qué está ocurriendo para que millones de ciudadanos eleven a las instituciones a formaciones racistas y xenófobas? ¿cuál es la razón para ignorar la corrupción propia y mostrarse inflexible cuando sucede en casa ajena? ¿para qué han servido las guerras, las dictaduras y la historia si volvemos a repetir los mismos discursos de odio? ¿cuántas personas han de ser masacradas para llamarlo genocidio? ¿de qué sirve disponer de una tecnología cada vez más puntera si los humanos que la manejan continúan siendo insensibles, sectarios y egoístas? El día de reflexión debería ser el lunes para ver lo que hemos votado.

Suscríbete para seguir leyendo