Opinión | editorial

Un hogar para los sintecho

De la calle también se sale. Esta es una de las conclusiones a las que todas las administraciones públicas deberían llegar para impulsar políticas dirigidas a las personas que se han quedado sin techo y que obviamente nunca obedece a una opción elegida por sus protagonistas. Zaragoza, como otras ciudades en España y sobre todo las de mayor tamaño, lleva décadas dedicada a atajar lo que en el pasado se consideraba un drama sin solución o de muy complicada salida. Configurar este problema social, siempre vinculado a la pobreza, como una prioridad en la hoja de ruta del gobierno municipal de turno ha sido, sin duda, el gran acierto de las últimas legislaturas. Desde el del PSOE de Juan Alberto Belloch al de Pedro Santisteve de ZeC y al del PP con Azcón primero y Chueca ahora (con y sin Ciudadanos a bordo), centrar el foco en lo que se ha venido a llamar como sinhogarismo ha sido el primero de los avances que se han ido produciendo. Pasos al frente en la gestión de un problema que quizá no se ha conseguido erradicar pero sí que ha conducido a la capital aragonesa a ser una de las grandes ciudades que menor índice de personas tiene durmiendo en la calle en el país. ¿Casualidad? Nada en estos casos lo es, siempre hay un porqué y, en este caso, obedece a múltiples motivos.

Uno de los más importantes es que en Zaragoza se está actuando de forma transversal y coordinada con varias entidades implicadas en una labor que va más allá de atender a estas personas a pie de calle. Sobre todo en los episodios de frío y calor extremo, cuando más apoyo se necesita. Ahora se actúa con el objetivo de acompañar, en la medida de lo posible, a estas personas sin hogar hacia la salida de ese túnel que es acabar durmiendo a la intemperie. Son muchos los voluntarios y trabajadores que moviliza el sinhogarismo. Y en muchos casos una sencilla aportación como es la información que estas personas necesitan sobre cómo salir de ese pozo o a qué ventanilla dirigirse para pedir auxilio, es ya una gran ayuda.

Otro de los importantes pasos al frente dados en Zaragoza ha sido darse cuenta de que fabricar un techo para el que no lo tiene es un primer escalón para salir de la calle. Programas municipales como el de housing first salieron como iniciativas pioneras que pronto se consolidaron, o aquellos orientados a procurarles una segunda oportunidad vital han dado resultados en positivo. La alternativa era la del pasado, la de fabricar espacios a resguardo donde pasar la noche en largas estancias a la espera de una oportunidad. También tuvo su utilidad, pero no atajaba el problema a largo plazo.

Y el problema persiste, incluso se podría decir que muta a problemáticas distintas, como por ejemplo el aumento de mujeres que ahora duermen en la calle, con todo el problema añadido de inseguridad y miedo por su integridad física. Pero ahora la reacción permite que sea más rápida y eficaz. O al menos ya coge a Zaragoza con varios escalones ya recorridos en los últimos años.