Opinión | editorial

La Expo no quiere fuegos artificiales

Hoy se cumplen 16 años desde que la Expo de Zaragoza 2008 abriera sus puertas al público y lo que fue el inicio de 93 días inolvidables para la ciudad y todo Aragón. La muestra internacional veía la luz convertida en un símbolo del consenso político y social, quizá el último que se recuerda en la comunidad. Fue el epicentro de unos objetivos compartidos por una amplia mayoría que se hacían realidad en un recinto de Ranillas que nació con vocación de reconvertirse en pocos años (una década se dijo entonces) en el nuevo centro de la capital aragonesa. Pero ya casi nadie se acuerda de esos pronósticos y se ha convertido en una tradición que cada 14 de junio todas las Administraciones se miren a este espejo urbano para hacer acto de contrición y propósito de enmienda. Ayer le tocaba el turno al Gobierno de Aragón y a uno de esos edificios que nacieron como iconos y que hoy son los grandes olvidados de los poderes públicos: la Torre del Agua. El consejero de Fomento, Movilidad y Vivienda, Octavio López, aseguró que la DGA quiere convertirla en el «faro mundial de la logística» con una reforma integral que alumbre un futuro para que el emblema diseñado por el arquitecto Enrique de Teresa esté vinculado a este sector emergente en la comunidad y al de la energía y el agua. Y, de paso, hacía extensible ese propósito al Pabellón de Aragón, otro de los grandes olvidados en todo este tiempo de postExpo.

Esta idea relanza en parte la ilusión de una ciudad hastiada de planes fallidos y fuegos artificiales para Ranillas. Antes de esta idea hubo otras: el Museo de la Ciencia en la Torre del Agua, la Consejería de Educación o una macrobiblioteca en el Pabellón de Aragón; el Instituto de Investigación sobre el Cambio Climático o la universidad pública y privada en el de España; o los minipisos en los cacahuetes... Tanto anuncio que quedó en nada es lógico que provoque desconfianza en el ciudadano.

Pero hay algo distinto esta vez. El hecho de que el futuro de estos iconos pueda ir ligado a un sector pujante como el de la logística o que recientemente se hayan puesto los ojos en esta parte de Zaragoza también para otros sectores emergentes y proyectos de envergadura como el futuro parque tecnológico, junto al Campus Río Ebro y al calor de apuestas potentes como Amazon Web Services o Microsoft... Hasta que el Parking Norte, lleno de matorrales ahora, vaya a albergar una Romareda portátil de forma temporal el año que viene... Da la sensación de que le ha llegado el momento a Ranillas, que ahora sí están decididos a convertirlo en zona de referencia de Zaragoza, si no en su nuevo centro, con vida los 365 días del año. Y que la logística y las nuevas tecnologías se unan a la movilidad sostenible, que fue la apuesta del Pabellón Puente, para que no solo haya zona Expo para los empleados públicos y de ocho de la mañana a tres del mediodía. Una ocasión para, quién sabe, recuperar el consenso de 2008 para rescatar un meandro que merecía otro futuro al que se le ha dado durante 16 años.

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