Opinión | LA RÚBRICA

Los ‘ultres’

El equilibrio personal es el resultado de compensar los desajustes vitales. Buscamos la quietud de la estabilidad para vivir, pero nos caemos del mundo si los días dejan de pedalear. Confundimos la acción con la actividad y no sabemos hacer cosas sin contenido. Nos perdemos buscando el sentido de la vida porque no disfrutamos el gusto de tenerla. Revitaliza más un disgusto que una alegría insípida. Queremos encontrar nuestro ser personal con apoyo de la filosofía oriental taoísta y acabamos comprando un libro de autoayuda en el chino de la esquina. Lo paradójico es que nos embarcamos en viajes sin retorno que terminan en el punto de partida. Salimos como un bólido a la carrera diaria, pero deseamos regresar a la meta para entrar en el bóxer de nuestra intimidad. Le damos vuelta y vuelta a un filete para que siga tan vivo como el día que lo amputaron a su propietario.

Los mitos y creencias del animismo pendular coinciden con las tesis de la economía circular. La reencarnación justifica una inmortalidad tan inexistente como la muerte imperecedera. La única certeza racional y atea del catolicismo certifica que polvo eres y en polvo te convertirás. El eterno retorno de Nietzsche, en los exámenes de la EVAU que despedimos, es una pesadilla con la que ya suenan los futuros estudiantes de la PAU. Un acierto el cambio de nombre para homenajear al gran Gasol. A lo que iba, que me despisto con lo trascendental. Los humanos volvemos al principio de la nostalgia para recordar el futuro del que venimos. Rodamos en el mismo sitio para cambiar de lugar y nos convertimos en nómadas de nuestros propios cimientos. Admiramos las piruetas ajenas sin valorar que somos peonzas individuales. Nuestra consciencia nos permite ir a muchos lugares, sin movernos del sitio, y la insensatez nos ancla al inmovilismo, aunque estemos todo el día huyendo al fin del mundo.

Para la psicología, la estabilidad emocional es la capacidad que tenemos de regular sentimientos gracias al control de las emociones que los generan. Decimos que una persona es estable si está tranquila. Pero la regularidad de estar enfurruñado también equipara la balanza de una conducta. La inestabilidad emocional tiene diversas causas. Unas son genéticas, otras se aprenden y las más habituales corresponden al estrés y la ansiedad que genera. Tampoco confundamos los altibajos de la normalidad con un desmadre comportamental. Tenemos derecho a desquiciarnos o mostrarnos exultantes por motivos evidentes. Lo peligroso es caer en la trampa de quienes nos arrastran a sus demonios emocionales. El poder de estos dictadores del ánimo nos obliga a jugar con sus pelotas de rebotes pasionales. Esa tensión conduce al temor que nos lleva al borde de un ataque de nervios. Si necesitamos saber cómo tiene el día alguien, antes de dar los buenos días, el paso de alterado a altercado será más breve que la letra que los diferencia. Finalmente, la inestabilidad emocional se convierte en patológica si mantiene una predisposición habitual a responder de forma impulsiva, sin tener en cuenta las consecuencias, junto a un ánimo inestable y caprichoso. En este caso, la psicoterapia en manos de un profesional es la mejor opción.

La estabilidad de las formaciones políticas se rige por las cartas de navegación de los resultados electorales. Pero si interpretas los datos como una carta astral, la gráfica de votos se transforma en una pseudociencia adivinatoria. Los conservadores han dado un rodeo para llegar al lugar de partida y han acabado domados por la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue. Ayuso quería utilizar la ornitomancia para analizar las entrañas del charrán del PP. Pensaron que se refería al ave de su logo y no al bribón de Génova. Hasta que le explicaron que Feijóo aún no estaba en una residencia, por lo que la bruja de Madrid le recomendó que siga a MAR en tiempos revueltos. Ciudadanos se fue sin llegar. Fue boniato mientras duró. Alvise es más de quiromancia y su futuro depende de las rayas que lleva en su mano. La careta anónima que exhibe no esconde el hedor de su cola de mofeta. Vox saca pecho, pero pierde fuelle. A este trío de derechas ya les llaman los ultres.

Tras las marejadillas electorales, el Gobierno sigue con el solsticio veraniego de la gestión. Sin urnas a la vista, se otea tierra firme en el horizonte, con permiso de Cataluña. Mientras, la izquierda mira con atención la Estrella Polar de unidad francesa. Aux urnes, citoyens! / Formez vos bataillons! / Marched, marched / Voter, voter.

Suscríbete para seguir leyendo