Opinión | EDITORIAL

Turbulencias en el automóvil

El sector del automóvil ha vivido una semana convulsa como no se recuerda en los últimos meses, lo que se ha traducido en un aumento del nerviosismo en el sector, en los fabricantes y también en las expectativas generadas en los territorios donde se producen vehículos, entre ellos en Aragón. Varias han sido las causas de este temblor en un negocio en el que España sobresale y en el que cimenta parte de su industria. La principal preocupación viene dada por los desajustes de demanda previstos en el vehículo eléctrico. Los altos precios que ha de asumir el consumidor europeo, unido a los problemas con la regulación y la escasa red de infraestructura de recarga han frenado las ventas, lo que ha provocado la revisión de la estrategia de algunos fabricantes y sus planes para adelantar la producción de coches con baterías.

Esta misma semana, Ford ha planteado más de 1.600 despidos en la planta valenciana de Almussafes, lo que representa prácticamente un tercio de la plantilla actual. No es la única noticia que ha encendido las alarmas, ya que el presidente ejecutivo de Anfac, Wayne Griffiths, comunicó su dimisión irrevocable de la presidencia de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones. «Sin apoyos, sin medidas concretas y sin un compromiso real por parte de los representantes políticos, como presidente de Anfac, ya no puedo aportar más», afirmó tajante.

Pero si esto no fuera suficiente, Bruselas también anunció que impondrá aranceles a la importación de coches eléctricos procedentes de China, que llegarán hasta el 38,1% para hacer frente a una desventaja que radica en las ayudas que Pekín da a través de subsidios a las grandes marcas, algo que distorsiona el mercado y perjudica a la competencia europea. La noticia, sin embargo, no fue bien recibida por grandes directivos como Carlos Tavares, CEO de Stellantis, al considerar que China es parte del mercado y que ha establecido alianzas con empresas del país asiático.

La inquietud, por tanto, se ha instalado en el automóvil. También en Aragón. El clúster, el Gobierno de Aragón y los agentes sociales ya han tratado de trazar una estrategia común para hacer frente al escenario. Por lo pronto, la factoría de Figueruelas tendrá que realizar un ajuste de 600 empleados temporales por la pérdida de dos modelos, el C3 Aircross y el Crossland X, si bien se trata de una situación coyuntural, ya que las expectativas para la factoría son buenas.

Pero quizá lo que más preocupa es cómo maniobrará Stellantis respecto a la gigafactoría que se espera que levante en Figueruelas. La compañía ya ha detenido proyectos en Alemania e Italia por la desaceleración de las ventas. Las turbulencias pueden afectar a un proyecto milmillonario y a la creación de hasta 3.000 empleos. El Gobierno central ha de activar medidas para estimular la demanda. Eso o cruzar los dedos.

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