Opinión | APUNTES AL MARGEN

Inmigración: estadísticas incómodas

Escuchamos con frecuencia a la extrema derecha plantear un discurso sobre la inmigración que viene a resumirse en «que se vayan a su país». Analicemos algunos datos económicos y veremos las consecuencias que tendría. En España hay 2.350.000 parados españoles. El número de extranjeros afiliados a la Seguridad Social es de 2,8 millones. Si mañana se van los extranjeros de España tenemos un roto de medio millón de trabajadores, y eso suponiendo que los parados españoles trabajaran donde trabajan los inmigrantes, que eso habría que verlo. Además, si tenemos en cuenta que para la extrema derecha uno que se llama Mohammed, que nació aquí, que tiene nacionalidad española y que tiene acento de Calatorao también es extranjero, y por tanto habría que echarlo, el roto se nos va del millón de trabajadores. Imaginen lo contentos que se pondrían los agricultores sin recoger cosechas, lo bien atendidos que iban a estar los mayores en residencias y lo fácil que iba a ser recibir un paquete de Amazon en casa, o lo rápidas y baratas que iban a salirnos las reformas del hogar. Por no hablar de la cantidad de médicos latinoamericanos ejerciendo en España y las listas de espera. Decir que se vayan a su país, no es que sea cruel, es que es una estupidez que nos perjudica a todos.

También escuchamos con frecuencia a una izquierda un poco flower power que la inmigración, por el contrario, es una bendición que no genera ningún problema y que nos enriquece a todos. En realidad, hay muchos datos que muestran problemas vinculados con la inmigración. En España la población extranjera es el 13%, y ojo que dentro de ese 13% están los jubilados alemanes y británicos de Denia o de Canarias, o los italianos de Barcelona. Es decir, que la población inmigrante en el sentido habitual del término, andará por el 11%. Sin embargo, según el INE prácticamente el 50% de los condenados por agresión sexual son extranjeros. Asimismo, en las cárceles de Cataluña la mitad de sus internos también son extranjeros. Si observamos los resultados académicos del alumnado extranjero son peores, algo comprensible y normal, cuando en muchos casos tienen que aprender un idioma nuevo.

La inmigración en las economías occidentales es una necesidad imperiosa pero no podemos caer en el error de ignorar los problemas que conlleva. Meter la cabeza bajo tierra como el avestruz, no arregla los problemas, da argumentos a los de las soluciones estúpidas, a los que en Europa parece que les ha ido muy bien.

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