Opinión | SALA DE MÁQUINAS

México

Mis amigos de la izquierda sudamericana tenían muchas esperanzas en Manuel Antonio López Obrador (apodado MALO, ha hecho justicia a su acrónimo), pero me temo que no se han cumplido. El mandatario mexicano acaba de abandonar el poder dejando una turbia estela. Su desprecio a Estados Unidos, su aborrecimiento a España, machismo, tendencias autoritarias y pésima gestión, dejando un país arruinado y en manos de los narcos, no hablan bien de su período. La nueva presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tiene fácil superar su nivel.

Obrador, que se las da de intelectual, siendo un flojico escritor y un orador altivo y monocorde, ¿habrá leído a Octavio Paz? Si lo hubiera hecho, tal vez habría comprendido mejor a su propio país.

Paz, cuya obra acaba de ver una nueva antología (Corrientes alternas, Alfaguara), analizó como nadie los orígenes del pueblo mexicano. Comenzando por sus propias raíces en un bello ensayo –Evocación de Mixcoac–, en el que recordaba cómo su padre se unió a la revolución de Zapata mientras su madre se refugiaba en casa de sus padres. Sería en esa vivienda de los abuelos maternos, en Mixcoac, donde el poeta permanecería entre 1914 y 1917. «En época pre-hispánica, Mixcoac había sido un señorío azteca. Con la Conquista, cabeza de un municipio con autoridades propias, iglesias, conventos, edificios civiles, barrios pintorescos y algo que es muy difícil de definir: un alma, una tradición. La Revolución terminó con ese género de vida».

En otro ensayo, El laberinto de la soledad, el Nobel reflexionaba: «La historia de México es la del hombre que busca su filiación. Sucesivamente afrancesado, hispanista, indigenista, pocho, cruza la historia como un cometa de jade que de vez en cuando relampaguea. En su excéntrica carrera, ¿qué persigue? Va tras su catástrofe; quiere volver a ser sol, volver al centro de la vida donde un día –¿en la Conquista o en la Independencia?– fue despedido. Nuestra soledad tiene las mismas raíces que el sentimiento religioso. Es una orfandad, una oscura conciencia de que hemos sido arrancados del Todo y una ardiente búsqueda: una fuga y un regreso, tentativa por restablecer los lazos que nos unían a la creación».

Una magnífica lectura para Manuel Antonio López Obrador, ahora que MALO tiene tanto tiempo libre.

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