Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Reinando

Las celebraciones de la primera década del reinado de Felipe VI han sido recibidas por el pueblo sin entusiasmo pero sin oposición; exactamente como sucede, según creo podría afirmarse sin alejarse demasiado de la verdad objetiva, con la propia monarquía. Las únicas protestas antimonárquicas han tomado forma de manifestaciones republicanas, con más griterío pero menos eco que esa silenciosa mayoría que parece suscribir la continuidad del cetro.

Una fórmula que en la España moderna jamás ha sido votada, aunque sí apoyada, tolerada o aceptada con resignación. Se ha beneficiado la monarquía del hecho histórico y reiterado de que las experiencias republicanas hayan concluido: la Primera, en cantonalismo y violencia; la Segunda, en guerra civil; y la tercera (con minúscula) en esa republiqueta de maletero de ese manta de Puigdemont. ¡Como para intentar una Cuarta (aunque sea con mayúscula)!

No obstante, le preguntaba yo a Almudena Grandes, republicana de pro, si un líder republicano español, con partido propio, personalidad, formación, y programa; con honestidad y prestigio; con, en fin, lo que debería tener un buen presidente de un buen gobierno español podría ganar unas elecciones generales. Almudena sonreía, fumaba su eterno cigarrillo y sentenciaba: «Sí, ese hombre, ese candidato republicano podría ganar y llegar a ser presidente. Pero hay un problema: no existe».

Así, descartados Felipe González, José María Aznar, Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez Zapatero, Susana Díaz, Pablo Iglesias, Ramón Tamames y el juez Garzón, no cabe otra que seguir con lo que hay. Que no es tan malo, a tenor de muchos que ven en Felipe VI un digno Jefe de Estado y Comandante de nuestros ejércitos, tan presentable allende el mundo como excelente anfitrión y mediador –que no conseguidor–, en proyectos internacionales de interés público.

Sin otra oposición que su propia familia –ahora, parece, mejor educada–, la continuidad de la dinastía borbónica está asegurada en una Doña Leonor que asimismo agrada por su presencia y disposición, pero que deberá tener mucha paciencia antes de reinar, pues en España los monarcas son longevos y, a diferencia de los líderes republicanos, fallecen en palacio, bajo la espada y la cruz.

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