Opinión | tercera página

El orgullo de ser docente

El esfuerzo que realiza una persona en su trabajo es directamente proporcional a la motivación que tiene

El pasado 30 de mayo el Servicio Provincial de Educación del Gobierno de Aragón organizó un Acto de homenaje y reconocimiento al personal docente que se jubila (nos jubilamos) en el presente curso escolar. Un acto que se agradece por lo que supone de reconocer la importancia de nuestro trabajo en una sociedad en la que, a veces, parece que la labor de los docentes no es suficientemente valorada. Unos docentes que se esfuerzan cada día por educar a los alumnos, por transmitir no solo unos conocimientos sino también unos valores.

El esfuerzo que realiza una persona en su trabajo es directamente proporcional a la motivación que tiene. Por ello, es muy importante que se reconozca la dedicación de los docentes para que su motivación propicie un aumento de su rendimiento y el de los alumnos. Como docentes sabemos que celebrar con nuestros estudiantes el trabajo duro y los buenos resultados que obtienen a través de él es muy importante para su desarrollo y motivación. Algo similar ocurre socialmente cuando el trabajo del docente es reconocido y apreciado, no solamente como parte de un festejo, sino como parte del día a día.

Lamentablemente, la profesión de la docencia ha pasado por muchos altibajos a lo largo de la historia y sabemos que, en la actualidad, en muchos lugares los docentes no tienen las mejores condiciones laborales, lo que provoca que muchos estudiantes brillantes opten por carreras que, previsiblemente, les deparen un mejor futuro laboral.

El docente debe ocupar un lugar predominante en la sociedad. Es necesario que todas las personas identifiquen la importancia de su figura. Aunque es sabido que no se pueden comparar sistemas educativos sin considerar las condiciones de cada país, sí podemos observar y aprender algunas características, como el lugar en que colocan las sociedades a sus profesores. En aquellos países en los que el nivel educativo es alto, el reconocimiento y el valor que se da a los docentes lo es también; en esos lugares, la profesión es una de las más valoradas y respetadas y, en general, los alumnos con mejores calificaciones eligen la carrera docente.

En general, en todo el mundo, el papel del profesor ha cambiado con el paso del tiempo. Hoy el profesor compite con otras fuentes de información y conocimiento. Hoy la exigencia al docente ha cambiado. Por ello, se necesita un profesorado motivado y comprometido con su tarea.

En nuestro país, ante la percepción de un cierto desánimo por una falta de reconocimiento social, la LOE señalaba como un principio del sistema educativo español la consideración de la función docente como factor esencial de la calidad de la educación.

En este sentido, la OCDE afirma que «la mejora de la eficacia y equidad de la educación depende en gran medida de que se estimule a personas competentes para que deseen trabajar como docentes». Igualmente, cabe citar a la Unesco, en la Conferencia Internacional de Educación (1996) y en su Global Education Digest (2011). También la ONU incluyó el tema de la educación como uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en su agenda 2030.

¿Dónde radica la importancia de la educación? La educación es un derecho, un importante motor del desarrollo y uno de los instrumentos más eficaces para reducir la pobreza y lograr la igualdad de género, la paz y la estabilidad. Educar es la mejor herramienta de transformación social, de manera que ser docente es tener la oportunidad de contribuir al cambio en la sociedad. La educación es también fundamental para fomentar la tolerancia entre las personas y contribuye a crear sociedades más pacíficas.

La educación es la base para mejorar nuestra vida y también para lograr un verdadero desarrollo sostenible y, en este proceso, el papel que desempeñan los docentes (maestro, profesor) es clave, pues son ellos el medio a través del cual los alumnos pueden alcanzar el conocimiento mediante el aprendizaje, la orientación y el acompañamiento. Sin docentes, los niños y jóvenes no tendrían las herramientas necesarias para prepararse en cualquier área del conocimiento.

En la sociedad dinámica en que vivimos, la educación también se ha visto modificada con el paso de los años. Las nuevas tecnologías invaden cada vez más los espacios físicos y (recordemos lo ocurrido durante la pandemia y el confinamiento) nos obligan a modificar la manera en la que interactuamos y por lo tanto también la manera en la que enseñamos y aprendemos. Cada vez más, el papel del docente es el de guía, mediador, acompañando a los estudiantes para la construcción de conocimiento tanto de manera individual, como de forma colaborativa.

Debemos cambiar nuestra concepción de la escuela como un lugar para recibir exclusivamente unos conocimientos y verla como un lugar para formar personas. Por ello, es necesario que las familias entiendan la importancia de la educación de sus hijas e hijos por el bien individual y el común. Y que la sociedad vea en la educación un derecho fundamental que hay que defender. En un futuro no muy lejano, los alumnos del presente serán quienes tomen las decisiones importantes en todas las áreas: social, económica, política, tecnológica, cultural, etc. En estos momentos, en algún aula de algún instituto o colegio se sienta el futuro presidente del gobierno de nuestro país. No deben, pues, escatimarse los recursos para la educación y dejar de verla (por parte de algunos) como un gasto, sino como lo que realmente es: una inversión. Sin duda, todas las profesiones son importantes; algunas, imprescindibles.

Se acaba un curso y con él, tras 41 años de ejercicio, me despido con el orgullo de ser docente.

Suscríbete para seguir leyendo