Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Thomas Mann

Siempre que me preguntan por un listado de escritores favoritos digo o apunto el nombre de Thomas Mann.

No porque sea el más fácil ni grato de leer, sino por su sustancialidad, por su esencialidad. Por su manera de elevar lo cotidiano a símbolo universal y por su capacidad para entrever detrás de los comportamientos normales las más extraordinarias razones para llevarlos a cabo.

Ahora, el sello Edhasa ha rescatado uno de sus grandes títulos, El elegido, que podemos disfrutar en castellano gracias a la excelente traducción del alemán por parte de Anna Rossell.

Fue ésta una de las últimas novelas de Mann, publicada en vida del autor, en 1951, cuando el genio contaba más de setenta años. Algo después, y ya poco antes de morir, terminaría el que iba a ser su último trabajo, Confesiones del estafador Félix Krull.

El elegido es una especie de fábula histórica ambientada en el siglo XII de nuestra era, cuando los terrores del primer milenio se habían disipado y el mundo conocido podía presumir de haber permanecido, derrotando a las peores profecías y augurios de destrucción. Europa continuaba, transformándose sin cesar en nuevos reinos y guerras. Las monarquías y sus privilegiadas cortes se enriquecían con la explotación de sus súbditos y tierras, e igualmente las órdenes religiosas medraban fundando conventos bajo la lejana pero omnipresente influencia de Roma.

Con estos elementos, con la agreste geografía del norte de Francia y del sur de Inglaterra, con el Canal de la Mancha, con la rivalidad entre britanos y normandos, o de los condados y burgos galos entre sí; pero, sobre todo, con su inmensa erudición compondrá Mann una novela maravillosa, altomedieval, de amor cortés, que se lee con creciente admiración, deslumbrados nuestros ojos de lectores por el arte narrativo de este mago de los pensamientos y de las ideas. Nociones siempre universales, les decía, entre las cuales el bien y el mal establecerán una lucha, ora favorable al pecado, ora a la cruz. O bien la política y la cruzada militar, la oración y la lujuria, el amor y la amistad se irán turnando en esa eterna y circular dualidad de la naturaleza del hombre.

Relato filosófico y mágico: Mann.

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