Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Basura radioactiva

Hace mucho tiempo que no se trata en España, ni tan siquiera a nivel de prensa, el grave asunto de los residuos radiactivos.

No porque sea un tema menor, que en absoluto lo es, sino porque no se han «inaugurado» nuevos zulos o «cofres», o acordado el traslado y almacenaje de recientes materias radiactivas, y por ello no han saltado a la opinión pública alarmas con respecto a su seguridad. Pero toda esa radioactividad sigue ahí, bajo suelo español, en sus cementerios nucleares, supuestamente «encofrada» en ataúdes de hormigón y durmiendo un sueño que todos quisiéramos fuese de siglos, pero...

Pero, ¿y si uno de esos depósitos radiactivos o cementerios nucleares explotase por alguna razón y liberase a la atmósfera su increíble y acumulada energía? ¿Qué sucedería? ¿Cuál sería el alcance de su destrucción? ¿Cuáles, sus consecuencias?

Esta idea inspiró a Michael Crichton y a James Patterson la novela que escribieron a cuatro manos antes de fallecer el primero: Erupción (RBA). Un thriller absorbente, desasosegante, ambientado en Hawai, con sus volcanes, unos cuantos vulcanólogos y oficiales del ejército norteamericano como corales protagonistas.

¿Por qué los marines? Porque, en la ficción de Crichton/Patterson, en las faldas del volcán hawaiano Mauna Loa se venía ocultando, de manera secreta o clandestina, un importante depósito de desechos nucleares. A su cargo, el ejército USA. Bajo el volcán, una especie de «mina», enclavada en una de las antiguas conducciones de lava, en la que la basura radioactiva llevaría enterrada desde los años setenta del pasado siglo, habiéndose conservado en ese inseguro escondrijo a pesar de las advertencias de especialistas que consideraban su instalación precaria y muy peligrosa.

Esas advertencias tomarán el sesgo de catástrofe en el momento en que el Mauna Loa comienza a rugir y acumular lava en sus más profundas galerías, con vistas a una inminente erupción. La suma de ambos factores, más la probabilidad –a cada hora que transcurre más y más «real»– de que la deflagración del cementerio nuclear oculto en el Mauna Loa sea de tal calibre que no sólo arrase Hawai, borrando el archipiélago del mapa, sino que incluso para el propio planeta tenga –vía lluvia ácida o radiactiva y su demoledor efecto en el sistema vegetal– consecuencias de una inimaginable gravedad, equivalentes a una guerra nuclear, agiliza la ficción del thriller. ¿Fantasía? Sí, pero que podría ocurrir...

¿También en España?

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