Opinión | el triángulo

Haciendo amigo por enemigos

A España ha tenido que llegar de nuevo el presidente de Argentina, Javier Milei, para que nuestros representantes políticos hagan aún más el ridículo

Esto de hacer amigos por enemistad hacia un tercero es, aunque parezca inexplicable, una cosa muy humana, bastante pueril y que suele acabar con datos desastrosos en las encuestas personales de la amistad. Entre los niños en los patios de colegio es muy habitual utilizar este juego para dar fastidio y entre los políticos parece una opción muy deseada cuando al que se quiere enfadar es al presidente Sánchez que oye, según algunas voces, no es el presidente que España debiera tener porque quiere romper España, porque pacta con los separatistas y no sé cuántas cosas más todas de calado antipatriótico, cuando España está llena de separatistas de un lado y de otro, pero los de un lado no se entienden como tales porque vociferan sobre la unidad que entienden sin aquellos que no rezan su mismo credo.

Pues a esta España ha tenido que llegar de nuevo el presidente de Argentina, Javier Milei, para ponernos a prueba y conseguir que nuestros representantes políticos hagan aún más el ridículo si cabe. A veces pienso en Feijóo y digo: ¡Pobre Feijóo!, como en su día dije: ¡Pobre Casado! Porque es mala suerte tener a una presidenta de la Comunidad de Madrid que tiene todo lo que no se precisa en política: gran necesidad de protagonismo, una alarmante y desbocada intuición populista y una forma muy sui generis de entender las instituciones y ya que Milei pasaba por aquí a recoger un premio que le concedía una asociación de extrema derecha y no pisaba territorio español en visita oficial (conviene recordar que los insultos que Milei lanzó sobre Sánchez, su mujer y otras políticas españolas derivaron en una crisis diplomática), Isabel Díaz Ayuso decide que es el mejor momento para reunirse con el presidente argentino y entregarle la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid, medalla que según recoge el decreto que rige esa misma condecoración debe entregarse a políticos extranjeros que pisen nuestro país en visita oficial.

El espectáculo está servido y como parece que ese es el lugar donde algunos quieren colocar la política lo mejor es guiarse por el odio y el resentimiento, convirtiéndose la presidenta de la comunidad de Madrid en un alter ego de Meloni en eso de hacer ruido gratuitamente, como si fueran enfants terribles cuando nada tienen de enfants y sí un punto ciertamente elevado de macarrillas de patio de colegio.

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