Opinión | delante de tus narices

Diez años de Felipe VI

Con inteligencia, ha restaurado la credibilidad de la monarquía

Esta semana se han cumplido 10 años del reinado de Felipe VI. Arcadi Espada ha escrito que es la única gran institución española con conciencia de sí misma. En la frase hay algo de exageración pero también de acierto. Esa cualidad añade un elemento anacrónico adicional a la monarquía. Por señalar algunas cosas que hemos sabido esta semana, el fiscal general del Estado ordenó revelar información privada de un particular para «no perder el relato», la presidenta de la Comunidad de Madrid recibió a Javier Milei en mitad de una grotesca crisis diplomática entre España y Argentina, el ministro de Transportes se dedicaba a llamar «saco de mierda» a Vito Quiles en vez de ocuparse de la caída de los estándares de Renfe y el vicepresidente de Aragón grabó una conversación con el ministro de Justicia en un giro que parece diseñado por un guionista de The Good Wife al que le hubiera caído una maceta en la cabeza.

Eso sin contar el bloqueo en la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), la colonización del Tribunal Constitucional, el ministro del Interior y su deportación ilegal de menores, la corrupción del CIS, las arengas en TVE, los mítines del responsable del Instituto Cervantes y el vergonzoso cambalache de la ley de amnistía. Casi dan ganas de preguntarle qué hace un chico como él en un sitio como este.

Felipe VI no tenía una tarea fácil: cuando llegó al trono el prestigio de la monarquía estaba en horas bajas, debido al comportamiento de Juan Carlos I, que por otra parte tuvo una función fundamental en la llegada de la democracia a nuestro país. Afrontó la mayor crisis constitucional de esta etapa y pronunció un discurso decisivo el 3 de octubre. Durante su reinado hemos vivido una crisis del sistema de partidos, la primera moción de censura con éxito y los primeros gobiernos de coalición. En esos ejecutivos había fuerzas abiertamente antimonárquicas, lo que también era una novedad.

Además de la hostilidad de una parte de la izquierda, ahora se ha enfrentado a la de una parte de la derecha: por un lado los que pedían que cometiera un acto inconstitucional (no firmar la ley de amnistía) teóricamente para salvar la Constitución, un ejemplo claro de la inspiración dadaísta de la política española, y por otro los que son claramente antimonárquicos. También ha tenido que enfrentarse a la deslealtad de sus primeros ministros: los remoloneos de Rajoy y los ninguneos de Sánchez.

Con inteligencia y sobriedad, sentido de la ejemplaridad y decisiones personalmente duras, Felipe VI ha conseguido restaurar la credibilidad de la monarquía en un momento difícil, donde los supuestos amigos podían ser a veces tan peligrosos como los enemigos declarados.

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