Opinión | ALÉGRAME EL DÍA

Musas a mí

Con la llegada del mes de julio me invade la relajación estival y no me vienen apenas ideas para mi columna. Me encuentro desesperado; necesito una musa con urgencia. Cualquiera de ellas: Euterpe, Erato, Calíope, Clío, Melpómene, Polimnia, Terpsícore, Talía o Urana. Cruzo los dedos, concentrándome para que una de ellas entre volando por el balcón. Con suerte, claro que sí, quizás alguna pueda aparecer volando. Y seguro que me inspirará con su toque mágico. Cierro los ojos y me mentalizo profundamente, aislándome de todo lo que me rodea. Cuando los abra, me digo a mí mismo, una de ellas me soplará lo que necesito para empezar la columna. Sí, una de ellas. ¿Euterpe, tal vez? ¿Talía? ¿Melpómene? Sonrío interiormente, anticipándose al encuentro con la hermosa musa. Con los ojos cerrados, siento que poco a poco la musa llega volando por el balcón. Sí, aleteando grácilmente, como una mariposa de vivos colores. Ya casi la siento encima, su sombra mágica cubriendo mi mente. Veamos cómo es, pienso con emoción. Abro los ojos y doy un respingo hacia atrás. Un querubín rubio y gordo vuela sobre mi cabeza. Sus carnes fofas y rosadas contrastan con las diminutas alas blancas que lo sostienen increíblemente. «Hola, colega», saluda con voz infantil. «Hola...», asiento pasmado. «Ya está aquí tu salvación», se presenta sonriendo. El querubín revolotea por la habitación dando vueltas como una mosca bien gorda. «Tengo una idea. Una idea estupenda para tu columna. ¿Qué te parece la historia de un pobre tipo que quiere escribir una columna y no se le ocurre nada?». «¿Cómo?». «Sí, el protagonista está bloqueado. El arranque es bueno, ¿eh?». «“Pero... no es nada original. ¡Y es justo lo que me sucede a mí!». «¿Sí? ¿Te sucede de verdad? Pues mucho mejor. Te ayudará a escribirla con más autenticidad. Adiós entonces, colega», se despide el querubín, volando. Ay, cada uno tiene las musas que se merece.

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