Opinión | EL ANIVERSARIO DE UNA TORMENTA EXTRAORDINARIA

Jesús Mateo

Un riesgo más frecuente de lo que se afirmaba

Episodios como el del Barranco de la Muerte se dan cada 20 años, no cada 100, y afectan al 5% de la superficie total de las cuencas

En la memoria reciente queda impresa la intensa precipitación caída la tarde del 6 de julio de 2023 en Zaragoza y su entorno, seguida de las crecidas que se fueron concentrando en numerosos barrancos de la periferia de la ciudad provocando cuantiosos daños materiales y, a dictamen de la buena suerte, ninguno de carácter personal e irreversible. Fue la riada del Barranco de la Muerte, y sus efectos fueron muy llamativos y se difundieron en medios de comunicación repartidos por gran parte del globo.

De un año a esta parte hay algunos avances como el reconocimiento de que existe un barranco y la intención de incluirlo en bases de datos de cauces oficiales donde no consta, tal como se alertó y publicó desde el Colegio de Geólogos de Aragón, organismo que tiene una profunda preocupación por la ausencia de profesionales con competencia real en riesgos naturales que deberían de estar presentes en cargos administrativos de máxima responsabilidad, siendo los titulados en Geología los de ausencia más llamativa y cara, y a los que recientemente se ha excluido de forma explícita y taxativa de procesos selectivos de su competencia. Esa ausencia no solamente se nota en la planificación urbanística de hace unos años, sino que está presente en la actualidad, en los nuevos desarrollos urbanísticos como es el caso de Microsoft y Costa en el cono de deyección de Villamayor por poner un ejemplo reciente entre los abundantes que hay.

Volviendo al caso del Barranco de La Muerte, parece evidente que en las correcciones diseñadas para el cauce se podría haber recogido más conocimiento. Claro ejemplo es el hecho de la valoración que se hace del evento de 2023, al que se le atribuye una frecuencia de una vez cada 100 años, una vez cada siglo. Sin embargo, estudios estadísticos con las series temporales de precipitaciones cada 10 minutos de los últimos 40 años muestran una frecuencia mucho mayor, en torno a 20 años, que coincide con las primeras estimaciones realizadas publicadas por el Colegio de Geólogos en la revista T&T el 13 de julio de 2023, o las del Colegio de Geógrafos.

Un episodio similar en 2007

Además, precipitaciones no tan severas como esta de 20 años, pero todavía más frecuentes, también pueden generar peligro y daños. Entre otras muy numerosas, está la riada ocurrida el 3 de octubre de 2007 en el Barranco de La Muerte cuando todavía estaban en marcha las obras de urbanización.

En el noreste de España, incluyendo lógicamente el entorno de Zaragoza, también es de destacar el desarrollo de eventos hidrometeorológicos localizados que son muy frecuentes y abundantes, siendo el ejemplo más reciente el producido este domingo día 30 de junio entre Pina y Candasnos con varios desbordamientos en la AP-2 que provocaron el corte de tráfico en ambas direcciones durante varias horas.

Todo parece apuntar en la dirección de que la sensación que se tiene sobre la frecuencia de los eventos hidrometeorológicos se correlaciona muy bien con los resultados estadísticos de las series temporales actualizadas y ajustadas con las funciones de distribución clásicas. No es necesario recurrir a las frecuentes explicaciones de que se trata de eventos de 100, de 500 o de 5.000 años como se aplicó en el desbordamiento de la canalización del Barranco de Arás.

Lo cierto es que el riesgo de inundación en el entorno de Zaragoza está distribuido o diseminado por todas partes y por todo el entorno, aunque la buena noticia es que el riesgo significativo solamente ocupa de un 5 al 10% de la superficie total de las cuencas hidrológicas.

*Jesús Mateo es secretario del Colegio de Geólogos de Aragón