Opinión | EL RINCÓN DE PENSAR

Un erasmus en el Consejo de Gobierno

Hace tiempo que pienso que el PP de Jorge Azcón tiene un problema serio en el Consejo de Gobierno. Por mucho que se quiera aparentar normalidad o blanquear barbaridades, da la sensación de que el número dos de a bordo ha llegado para pasar un buen rato más que para trabajar. El líder de la extrema derecha en Aragón, Alejandro Nolasco, parece un erasmus en el Pignatelli, que en teoría llegó para aprender un idioma que ni entiende ni quiere entender, y que se deja llevar por las juerguitas que le reporta el cargo. Y no es una cuestión de malas compañías o de su ociosa agenda de nula gestión y muchos focos, es que está descubriendo las veleidades del poder y empieza a dar síntomas de confusión severa. Se está creyendo su propia película y la música, la que toca en los momentos más inapropiados, hasta le suena bien mientras al resto le parece desafinada. Pero como buen erasmus, presupone una estancia corta (me refiero a la rotación que aplica su partido y la escasa vida útil que da Abascal a sus súbditos), así que, ¿por qué no disfrutar el momento? Pues básicamente porque es el vicepresidente de Aragón, representa a más personas que a él mismo o a su partido y porque dar vergüenza ajena es ya el menor de los problemas para la institución.

Se podrían poner muchos ejemplos. Esta semana, cebarse con los inmigrantes y pensar que, si son menores, más gracioso será con la crisis que se vive en Canarias, es más que preocupante y solo evidencia que para ser títere de Abascal no hace falta oratoria ni currículum. Exigir desobediencia a la ley para cumplir su deseo de no dejar entrar a los migrantes en acogida, siendo el vicepresidente, ni es gracioso ni afecta solo a su credibilidad. También a la de todo el Gobierno. Anda que no tienen motivos para criticar cómo lo está gestionando Pedro Sánchez. Pero a él le divierte más llamar «chantajistas» a los que llegan buscando salvar la vida. Ellos no están de juerga, señor Nolasco.

Tampoco es gracioso ponerse un micro en la solapa para grabar a un ministro como Félix Bolaños y luego difundir las imágenes y audios para demostrar no se sabe muy bien qué. Ni culpar a otros de lo que él decidió o anunciar medidas que nunca tomará porque ya todos saben quién es el responsable: él. Se escandaliza por la difusión pero no por el acto en sí de grabarle, se hace el sorprendido y... que siga la fiesta a costa de los aragoneses.

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