Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Santuario de Misericordia

Con la presencia del alcalde de Borja, Eduardo Arilla, se presentará esta tarde en el Patio de la Infanta de Zaragoza uno de esos libros nacidos del corazón y destinados a confortar a muchos otros corazones: Santuario de Misericordia de Borja. Pasado, presente y futuro. El producto de su venta irá destinado a la Fundación Sancti Spiritus, a fin de paliar los desastres causados por el incendio de 2022.

Su autor es Carlos Val-Carreres, borjano ilustre, prestigioso médico y cirujano, especializado en la cirugía de heridas sufridas por diestros taurinos en plazas como las de La Misericordia de Zaragoza, cuya enfermería durante tantos años ha estado a su cargo.

Santuario de Misericordia, plaza de la Misericordia... El autor del prólogo, Honorio Romero, repara en que ese concepto, tan humano y divino a la vez, «misericordia», figura de manera omnipresente en el mapa sentimental y profesional de un Carlos Val-Carreres por quien no pasan los años. Si hace poco defendía su tesis doctoral en Derecho, ofrece hoy a los lectores un ensayo de 600 páginas no sólo sobre el Santuario de Misericordia, sino sobre un sinfín de materias y referencias históricas, artísticas y paisajísticas, que con este enclave se relacionan a lo largo de los siglos.

El autor se remonta al origen del santuario, aunque las fuentes son escasas. En 1739 aparece mencionado por el padre Roque Alberto Faci en su libro Aragón, Reino de Cristo y dote de María Santísima, refiriéndose el religioso al traslado en 1465 de una talla de una virgen de origen románico hallada en el claustro de la Colegiata de Santa María. La curación del hombre que la portaba y que milagrosamente vería sanar su pierna enferma al depositar a la virgen en su nueva peana, dio pie a la devoción popular y al mecenazgo de señores, órdenes e inquisidores, inaugurándose el Caserón del Santuario como un instituto hospitalario de caridad, y venerándose su capilla como cita de romerías y peregrinaciones. En los siglos XIX y XX, el caserón continuaría creciendo a base de nuevas «habitaciones» donadas por mecenas, con presencia de sacerdotes y guardeses, y con servicio diario de misas en su iglesia, protagonizando el santuario, generación tras generación, nuevos cambios, alegrías y experiencias.

Un trabajo fascinante de un autor ciertamente «misericordioso».

Suscríbete para seguir leyendo