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Opinión | el artículo del día

La vuelta al cole: ¿como siempre?

Rituales, ilusión y expectativas en la comunidad educativa

El ritual es prácticamente el mismo en todos los septiembres. La vuelta al cole abre el nuevo curso y genera sensaciones y actitudes diversas en función de la situación de cada cual respecto a los pupitres.

Para un gran grupo de alumnado, sobre todo para los más pequeños, volver al cole significa encontrarse de nuevo con amigos y amigas de clase y patio de recreo. Se les han hecho largos los dos meses de vacaciones, por más que hayan intercalado unos días de colonias y, en general, vuelven a las aulas contentos y expectantes. Regresan sin problemas a las rutinas escolares.

Para las familias, la vuelta al cole presenta una doble cara. Por un lado, satisfactoria, por la recuperación de la normalidad en la vida cotidiana: la escuela siempre ha tenido y tiene una cierta misión de «guardería» (y además «en buenas manos») incluso en niveles medios de enseñanza. Por otro, preocupante, por el desembolso económico que deben realizar a comienzo de cada curso: un esfuerzo importante para muchas familias, por mucho que en algunas comunidades, municipios y centros educativos se hayan implementado ayudas (becas, bancos de libros, etc.) para las que más lo necesitan.

Para el profesorado y el personal de administración y servicios, volver al aula supone regresar al puesto de trabajo, como a cualquier otro empleado; ¡ya quisieran algunos titulados universitarios trabajar en un centro escolar! Un significativo porcentaje del colectivo con plaza fija vuelve «cansado» y posiblemente «quemado» (en ciertos casos, con razón) después de muchos trienios en su hoja de servicios. Otros, sin embargo, se reincorporan con la misma ilusión y fuerza del primer día. La docencia es una profesión de riesgo y exige un fuerte compromiso social: mal si te apalancas «repitiendo» siempre el mismo curso (el mismo programa en el mismo nivel) pero si de verdad «te lo crees» (llámese vocación) produce muchas satisfacciones.

Para las administraciones educativas, volver en septiembre significa comprobar si han tenido éxito las medidas de planificación (obras, plantillas, etc.) que debieron tomarse en el segundo trimestre del curso anterior. La clave de bóveda es que el curso comience «con normalidad». Eso será, junto a alguna pequeña novedad, lo que desearían resaltar los responsables políticos en las inauguraciones oficiales y entrevistas de todo comienzo de curso.

¿Como siempre? Sí y no. Porque cada nuevo curso siempre es un curso nuevo. Este año se pueden añadir algunas previsiones (y deseos) de la comunidad educativa para los próximos meses. Algunas, predecibles. Una vez que la ordenación derivada de la Lomloe (LO 3/2020) funciona sin problemas trascendentales en los niveles básicos y secundarios, tendrá que ponerse en marcha Ley de Enseñanzas Artísticas Superiores (Ley 1/2024) y darle un nuevo impulso (y definitivo) a la FP, aprobada ya su ley de ordenación e integración (LO 3/2022) y los decretos básicos que la desarrollan. Otros asuntos muy importantes vienen de cursos anteriores y siguen requiriendo atención prioritaria, como la promoción del bienestar socioemocional y la convivencia armónica en la comunidad educativa con medidas (recursos, apoyos, etc.) eficaces y ajustadas a cada situación para evitar problemas (acoso, salud, etc.) que sufre singularmente el alumnado. Y éste tiene que ser también un curso que ponga en el punto de mira al profesorado, abriendo el debate sobre el tan deseado (y prometido) estatuto docente e intentando implementar algunas de las propuestas del documento 24 medidas de reforma para la mejora de la profesión docente presentado hace tiempo, algunas sobre puntos tan sustanciales como la formación inicial o el acceso a una profesión que «merece la pena» pero que, para que pueda cumplir adecuadamente su función, necesita ineludiblemente contar con el respeto de la sociedad a la que sirve y la complicidad de las administraciones educativas de las que depende.

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