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Opinión | LA COLUMNA

La nueva habitación

Por la ley de la oferta y la demanda, es más barato habitar donde la gente no quiere vivir. La habitación en España cuesta una media de 488 euros al mes, según el estudio nacional de viviendas compartidas en 2024, basado en los precios de la vivienda en alquiler de los agostos de los últimos 9 años del Índice Inmobiliario Fotocasa. Es un 57,3% más que hace 5 años (desde 2019) y un 89,4% más que hace 9. Esas subidas, tan por encima de los salarios, quizá expliquen por qué hubo un tiempo en que se repetía la mentira de que como en España no se vivía en ninguna parte. Ahora se habita como en el entorno europeo, en un espacio de mierda a precio de oro. 

En el cambio de utopía de la España que va a bien a la que va mejor que nunca la medida se ha desplazado de la vivienda a la habitación, de tener un techo a tener cuatro paredes, de la solución habitacional a solo la habitación. En el supermercado de la vivienda un cartel dice: habitación, 488 euros/ mes. Te sale la pared a 122 euros.

El nuevo habitar crea nuevas maneras de vivir. El casero busca la solvencia de los alquilados y cada alquilado la del compañero de piso. Bienvenido a la república confederal de nuestra casa. Lo que se llamaba independizarse es interdependizarse. Puede que se esté creando una nueva sensibilidad social en un mundo de jóvenes que se han independizado de casa para ser interdependientes de piso, pero aumentan las pruebas de acceso y con ellas las de rechazo. Después de los exámenes del curso anterior o de la entrevista de trabajo espera el casting de compañero de piso, el concurso de cohabitante.

La sociedad del ocio era esto, que el turista compita con el trabajador y los días de descanso ganen la batalla del precio a los días laborables. En la libertad de codicia, esa parafilia de vaciarle los bolsillos al prójimo, cada uno puede saquear al otro al gusto aunque si no arrea el que viene detrás el turista no tenga camarero ni el casero, médico, ni...

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