Opinión | SALA DE MÁQUINAS
Panamá
El ultranacionalista norteamericano Donald Trump acaba de reivindicar el centroamericano Canal de Panamá, anuncio que ha sembrado la inquietud en este pequeño país, buena parte de cuya industria y economía dependen del tránsito diario de buques en rutas transoceánicas, y de las elevadas tarifas que deben abonar para utilizar un paso que les evita dar la vuelta a todo el continente.
Como es sabido, este grandioso Canal, ciclópea obra de ingeniería, fue llevado a cabo por ingenieros y empresas norteamericanas (tras un primer fracaso del proyecto francés comandado por Lesseps). La ingente mano de obra estuvo compuesta por indígenas y emigrantes de distintas procedencias, a destacar el contingente chino (durante los trabajos, murieron a cientos). Una vez en funcionamiento, la nueva vía fue explotada comercialmente por Estados Unidos, década tras década, hasta 1990. Fecha en la que el recién fallecido Jimmy Carter firmó los tratados de renuncia con el entonces presidente panameño, Omar Torrijos, cediendo Estados Unidos a Panamá todo uso y derecho sobre el Canal. Paralelamente, las fuerzas navales y aerotransportadas de los Estados Unidos iniciaron una paulatina retirada de sus efectivos militares, con los que habían controlado enormes áreas del Pacífico y del Atlántico durante buena parte del siglo XX, en especial desde la II Guerra Mundial. Así, parte de las antiguas bases y residencias de oficiales se convirtieron en La Ciudad del Saber, principal centro de estudios universitarios y actividades culturales de la capital panameña.
Las tarifas para atravesar el istmo del Atlántico al Pacífico o del Pacífico al Atlántico por la estrecha franja de tierra que descubriera Núñez de Balboa no son baratas. Trump ha puesto el dedo en esa, para muchas navieras norteamericanas, llaga. Un barco grande, cargado hasta los topes con contenedores, puede llegar a pagar hasta medio millón de dólares. Además, deberá cumplimentar una fatigosa documentación y, en su caso, prestarse a ser revisado por los inspectores de la empresa nacional panameña que rige la instalación, monopolio estatal que da empleo a más de 25.000 ingenieros, administrativos, técnicos y operarios.
Por otra parte, desde el punto de vista militar, el Canal de Panamá tiene una importancia extrema...
Trump ha lanzado el guante, y el suyo no es precisamente de seda.
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