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Opinión | erre que erre

Zaragoza

Subvenciones de armas tomar

Vista aérea de las instalaciones de Instalaza en la calle Monreal, en el centro de Zaragoza.

Vista aérea de las instalaciones de Instalaza en la calle Monreal, en el centro de Zaragoza. / Laura Trives

Que las instalaciones de una empresa salgan del entorno urbano y vayan a un polígono industrial siempre es una decisión bienvenida, sobre todo por los vecinos. Si encima se trata de una fábrica estratégica del Ministerio de Defensa que fabrica armamento para más de 40 Fuerzas Armadas de distintos países, como es el caso de Instalaza, la razón es más que evidente. Y eso a pesar de que en sus instalaciones de la calle Monreal de Zaragoza solo hay ya oficinas (no como en los años 60 y 70 que entonces sí fabricaba armas y granadas ahí y convivía con viviendas y hasta con las naves municipales desde donde salía la comparsa de Gigantes y cabezudos). Eso sí, es una empresa de riesgo y no hay que olvidar que hace poco recibió una carta bomba en medio de la guerra de Ucrania.

Al margen, pues, de las cuestiones de conciencia sobre la existencia de fábricas para hacer la guerra, habrá que convenir que si se llega a un acuerdo para que Instalaza deje sus 10.000 metros cuadrados de parcela a 300 metros del Pilar es todo una operación de inversión municipal. El ayuntamiento obtendrá dinero para otras actuaciones, como La Romareda, igual que quitando el skate park de la Vía Hispanidad (que irá, más y mejor al Canal), donde también habrá viviendas . 

Pero esos pisos, como los de Instalaza, no resuelven el problema de la vivienda, que nadie se confunda. Eso es otro cantar y se sabe, porque aunque haya unos pocos sociales, la vivienda en ambos lugares será libre y cara.

Lo que puede preocupar es la subvención que reciba Instalaza por irse de la ciudad.Hace ya 13 años que el pleno municipal aprobó el acuerdo con la empresa para dejar esas instalaciones, pero no se ejecutó. Carlos Pérez Anadón, que era el concejal socialista de Urbanismo, quizás debería explicar el porqué. Ahora, lo que la empresa busca es que haya más posibilidad de edificabilidad en la zona porque así el acuerdo económico con el consistorio popular será mejor, es decir, más alto en cuanto a dinero. Esa es la clave. Este tipo de operaciones, ¿son subvenciones camufladas?

Los políticos enseguida dicen que no, y por otra parte es normal que la empresa que está ahí quiera alguna compensación por dejar los terrenos, pero ojo con estas inversiones. Porque, además, la zona tiene pisos degradados y con okupas, justo la zona de detrás de la fábrica, en las viviendas que en su día se hicieron para sus trabajadores. A lo mejor el consistorio podría invertir algo en esponjar y adecentar el barrio, que buena falta hace, aunque esté cerca de un parque y de las riberas de dos ríos. Pero no está mal que se hagan algunos pisos.

Que la empresa salga de ahí, sí, hace años que debería no estar (sin entrar en los apoyos a la industria armamentística) pero que estas operaciones que sirven para que el consistorio invierta en otro lado, no sean subvenciones a la carta

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