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Opinión | EL MIRADOR

Me toca, te toca regreso al pasado

Quién no recuerda nuestro hogar infantil en aquellas décadas de los años 60, 70. Fue un despertar grandioso por el gran número de movimientos sociales y culturales que se dieron en gran parte del mundo. Se vivieron fenómenos impensables como la revolución urbana, la contracultura que abogaba por una filosofía antisistema sobre la sexualidad, el arte, la música. Todo ello supuso importantes transformaciones en el país, sin olvidar la conexión y la relación con ciudadanos veraneantes que venían de otros países. A pesar de que estos fenómenos representaron la lucha por la libertad en las distintas sociedades con una perspectiva de igualdad, nuestras madres en el hogar seguían con el rol de esposa y ama de casa, valoradas según sus habilidades domésticas a modo del gusto tradicional español, esto significaba labores interminables en el contexto familiar como el cuidado de los hijos y abuelos. Si nos trasladamos al ámbito rural, las tareas de la mujer se multiplicaban no solo en el hogar sino en las labores agrícolas. En aquellas décadas la población avanzó, cambió hacia una sociedad de consumo, orientada por la publicidad en la televisión y en las revistas dirigidas a mujeres, fomentando el ideal doméstico, que no era otro que influir en ellas para que siguieran sintiendo que su entorno doméstico era lo mejor para ellas, un modo de regular valores simulados o de actuar de manera paternalista.

Las mujeres en nuestra actual sociedad han batallado y seguimos haciéndolo para conseguir un reconocimiento en el ámbito social y profesional equiparable al hombre. Las habilidades domésticas, que se valoraban en el siglo pasado de forma intrusiva en aquellos años aciagos, han cambiado hacia roles más triviales, debido a la entrada de España en la sociedad de consumo de masas. Aunque se siguen repitiendo los mismos roles, la mujer mantiene una posición fundamental, no solo en el entorno familiar, sino también como compañera de vida, sin olvidar el papel y la fuerza motriz que desarrolla en una sociedad avanzada como la nuestra. Estos logros se ven y se aprecian cuando se interesan en ellos el poder político y social. Las nuevas generaciones, un número importante de jóvenes, valoran conceptos con pautas de vida más artificiales, baladíes, es el caso de las influencers o tiktokers, que interactúan a través de Internet con modelos y estéticas de serie, creyendo que influyen con lo que dicen y hacen según el número de seguidores que consiguen, un valor epicúreo y estulto; inconscientes de que no servirá de nada cuando esas jóvenes dejen de serlo.

Parece ser que el regreso al paternalismo del pasado va y viene, la inteligencia natural (la que contiene capacidad de pensar críticamente razonando) parece ser que no se activa o no se tiene, lo hemos visto cuando el gobierno español ofreció la app Me Toca para enseñarnos cómo tenemos que gestionar nuestra vida en el hogar familiar. A día de hoy ha sido un fracaso y un gasto más estulto aún. Por otro lado, en determinados países se mantiene la vulneración de los derechos humanos, como es Arabia Saudí. La Supercopa que se ha jugado en este país recientemente, trajo un halo de violencia producida por los saudíes, que estaban en el campo de fútbol, hacia las cónyuges de los futbolistas del Mallorca, sufrieron acoso y tocamientos.

Se sabe que en este país los prolongados ataques a la libertad de expresión, torturas y discriminación a las mujeres y a colectivos LGTBI son habituales. Las altas cifras de dinero saudí que llegan a la Real Federación Española de Fútbol venden voluntades y conciencias. Me retrotraigo a esos apuros y tocamientos que se producían en los años 60 y 70 del siglo pasado en nuestro país, cuando la dictadura consideraba esos hechos como algo cotidiano sin importancia.

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