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Opinión | erre que erre

Zaragoza

El silencio de Alfonso Gómez Gámez

Alfonso Gómez Gámez, junto a Lola Ranera, durante un pleno en el Ayuntamiento de Zaragoza.

Alfonso Gómez Gámez, junto a Lola Ranera, durante un pleno en el Ayuntamiento de Zaragoza. / EL PERIÓDICO

El concejal zaragozano Alfonso Gómez Gámez sigue en paradero político desconocido. Su nombre apareció hace ya un mes en las grabaciones de la UCO de la Guardia Civil dentro del ‘caso Cerdán’, una investigación que apunta a posibles irregularidades y tráfico de influencias. Ante el escándalo, el PSOE reaccionó abriéndole expediente, le suspendió cautelarmente y él mismo decidió apartarse como portavoz adjunto. Incluso no asistió a un pleno sobre el tema. Pero desde entonces, silencio absoluto. Ni explicaciones públicas suyas, ni declaraciones claras del partido.

Esta próxima semana se celebra el debate del estado de la ciudad en Zaragoza. Una cita clave para la política municipal que llega con la incómoda corrupción flotando en el ambiente. Y, aunque solo se debería hablar de ciudad, se hará política con la corrupción. Por eso el PSOE debería aclarar si «Alfonso» es un agujero negro o es mera casualidad. Porque mientras los socialistas señalan con el dedo (con razón) a otros partidos implicados en casos turbios, aún arrastran este asunto sin cerrar y sin ofrecer transparencia a la ciudadanía.

Gómez Gámez no ha dado explicaciones. ¿Es él quien aparece en esas grabaciones? ¿Por qué? ¿Cuál es su relación con la investigación? ¿Tiene algo que ver con su etapa de director general de Energía y Minas del Gobierno de Lambán? ¿Le roza el caso de la mina Muga de Navarra, que tuvo detractores en Aragón? En democracia, la presunción de inocencia es básica, pero también lo es el deber de rendir cuentas. Y quien ostenta un cargo público tiene la obligación moral de explicar su papel, más aún cuando su nombre sale en un contexto judicial tan sensible.

Pero la responsabilidad no es solo de Gómez Gámez. Es del PSOE aragonés. ¿Qué piensan hacer Pilar Alegría y Lola Ranera? ¿Van a seguir guardando silencio? ¿Van a permitir que este asunto pueda seguir perjudicando la imagen del partido, mantenga las dudas ciudadanas y sigan mostrando una debilidad que sus adversarios van a utilizar?

La ciudadanía no puede aceptar que las estrategias de comunicación sustituyan a la rendición de cuentas. No basta con apartar discretamente a alguien para que desaparezca el problema. No basta con confiar en que el tiempo lo borre todo. La transparencia no es un eslogan de campaña, es una obligación.

El debate del estado de la ciudad es una oportunidad para dejar de esconder este asunto bajo la alfombra. Si los socialistas quieren recuperar credibilidad, deben actuar con contundencia y claridad. O se aclara la situación de Gómez Gámez y se hace público por qué se le abrió expediente y en qué punto está, o el caso seguirá siendo una mancha sobre el partido. La corrupción exige respuestas firmes. Y esta tibieza del PSOE no es firmeza. Zaragoza merece políticos valientes, no silencios cómplices ni expedientes congelados. Es hora de dar la cara.

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