Opinión
Yo, les doy las gracias
En la primavera del 2021 la prensa aragonesa se hacía eco del entonces próximo cierre por jubilación de su dueño, de la conocida panadería de Lanave, abierta desde 1987, si no se encontraba antes quién se hiciera cargo del negocio, en la que era obligatoria parada en las subidas al Pirineo oscense.
Hace unas semanas, ahora que estoy dando unos cursos por la zona, me pasé por allí camino de mi Valle de Tena, y aunque ya había parado varias veces en los últimos meses con los nuevos dueños a cargo del horno, aproveché lo temprano de una mañana de día laborable, sin el agobio de los turistas de fin de semana, para conversar un rato con Hamet, el nuevo panadero, mientras la hogaza grande por la que había parado acababa de hacerse. Eran las 7.45 de la mañana.
Me comentó lo bien que le iba el negocio, de lo poco que se acordaba de la dura vida en su pueblo marroquí natal, cerca de la frontera con Argelia, y de como trabajando de seis de la mañana a diez de la noche estaba contento de haber tomado la decisión de afrontar la aventura de tener un negocio propio, después de varios y diversos trabajos por la zona, incluido el puesto de peón en una de las factorías de Sabiñánigo, y de paso crear varios puestos de trabajo en la zona.
Salió a conversación el cierre de muchos negocios pequeños y de proximidad en los valles pirenaicos cercanos: las dos carnicerías de Biescas (también me dijo se anunciaba el cierre de tres carnicerías y una pescadería en Jaca), la panadería de Javierrelatre, y muchos y variados establecimientos de hostelería por el Aragón y Tena, y ello por la falta de continuidad por parte de los jóvenes de la zona que o bien tras estudiar marchan a ciudades grandes, o bien prefieren sucumbir a actividades laborales menos sufridas y arriesgadas que los negocios familiares, aunque muchas veces sean temporales, pero en las que tienen menos preocupaciones y un sueldo fijo.
El panadero de Lanave, cuando el horno ya pitaba diciéndonos que el pan estaba a punto, me decía que ahora únicamente eran los emigrantes, venidos de fuera de España, los que decidían hacerse cargo de los negocios que van quedando vacantes, u otros que nacen de ellos, ya sea como autónomos o como pequeños empresarios con unos pocos empleados, casi siempre de su propio entorno familiar, y así gremios de todo tipo, pequeños negocios o servicios, se lograba continuasen con su actividad, asumiendo a veces un riesgo incierto de cara al futuro, con acento magrebí, rumano o latino que diferencia a estos nuevos aragoneses. Que atrás quedan los años de la segunda mitad del siglo XX cuando eran los alto aragoneses los que emigraban a las ciudades en expansión industrial, dejando nuestros valles y montes despoblados.
La finalización de la autovía mudéjar, en el tramo Lanave/Sabiñánigo (sí, algún día llegará), puede ser en unos años un factor que dificulte la pervivencia de la tradicional panadería de Hamet y su familia, y que nos quedemos sin poder, al bajar el Monrepós camino del Pirineo, comprar el pan, sus muchas pastas y hasta algún queso de Gabás o un chorizo de León de los de su mostrador, pero mientras tanto seguiremos parando allí mientras permanezca abierta la panadería de Lanave, y quizás no estaría de más dar las gracias a quien nos atienda... yo al menos lo haré.
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