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Opinión

Arcosur y el enigma de la movilidad

Zaragoza tiene un verdadero problema con la movilidad de un barrio emergente como Arcosur que ha pasado en pocos años del ostracismo al renacer como puntual del crecimiento demográfico en la ciudad y la planificación a futuro de sus comunicaciones con el resto de la ciudad ahora se ve encorsetada por decisiones del pasado como el contrato de larga duración que se firmó en 2009 para construir el eje norte-sur del tranvía. Su presente es consecuencia de diseñar un modelo de transporte de alta capacidad en un momento en el que su futuro se veía con mucho pesimismo con el estallido de la burbuja inmobiliaria aún retumbando en la economía local, autonómica, nacional e internacional.

Justo cuando las constructoras y tenedores de unos terrenos que se pensaron para crear un barrio con 22.815 viviendas luchaban por sobrevivir y sortear la quiebra, el ayuntamiento lanzaba un megacontrato para explotar hasta 2043 un eje de alta capacidad que, por razones objetivas, debía tener en Valdespartera su final de recorrido. No había población suficiente en ese nuevo barrio al sur de la capital, su despegue no se vislumbraba como posible en el corto o medio plazo y no había tiempo que perder para adjudicar una explotación que hoy, a la vista de los informes jurídicos, obliga a esperar a las miles de personas que pueblan ya y poblarán en los próximos años, esa miles de viviendas que están por venir en los próximos cinco o diez años. Podrían llegar a duplicar o triplicar la cifra actual fácilmente, ya que la vivienda se ha convertido en objetivo prioritario de todas las administraciones y este es el mayor vivero de terreno disponible de la capital aragonesa.

El momento actual demuestra, por un lado, la escasa importancia y potencial que se le daba a Arcosur en aquellos momentos de crisis económica, tal vez influenciado porque su creación obedecía más a necesidades políticas que a la escasez de pisos en la ciudad. No hay que olvidar que este barrio surge del acuerdo del consistorio con Ibercaja para conseguir la construcción y celebración de la Expo 2008.

Las 125 hectáreas que se lograron en el meandro de Ranillas para aportarlas como garantía de que Zaragoza ya tenía suelo para albergar una exposición internacional ante el Bureau International des Expositions (BIE), cuando solo era una de las tres ciudades aspirantes junto a la italiana de Trieste y la griega de Salónica, fue un factor decisivo para adjudicarse el evento. Después había que darle salida a todo ese suelo y sin muchas esperanzas de éxito, menos aún tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Pero nadie cuestionó en su día que el tranvía solo llegara hasta Valdespartera. Ni siquiera teniendo en cuenta que en su itinerario también podría haber dado cobertura a la Feria de Muestras o Plaza Imperial como recintos de gran afluencia que son. Para que años más tarde, partidos como Vox salgan diciendo que se puede romper el contrato del tranvía para ampliar esa infraestructura, con más populismo que certezas jurídicas, y el PP secundara la propuesta a sabiendas de que eso solo traería problemas legales. Pero ambos, que son los que suman mayoría en el consistorio, ni los partidos de la izquierda se pueden refugiar en el pasado.

Arcosur va a crecer, ahora sí, y necesita un plan a corto plazo para su movilidad, ahora apoyada en el vehículo privado, un bus público que no usa casi nadie porque no es útil para los desplazamientos cotidianos al trabajo o para estudiar, y que pronto será insuficiente en capacidad. Y para cuando eso llegue, de nada servirá lamentarse, porque ya ha dado pistas de que el futuro de la vivienda en Zaragoza está en el sur de la ciudad y se merecen la misma atención que el resto de contribuyentes.

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