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Opinión | LA GUINDILLA

Prohibir Halloween (y Papá Noel)

El grupo de ultraderecha -de cuyo nombre no quiero acordarme-, presentó una moción en el Ayuntamiento de Jumilla exigiendo «el respeto y la protección de las tradiciones propias del pueblo español en el espacio público frente al avance de las costumbres ajenas impulsadas por políticas de cesión ideológica, electoralismo o presión económica».

Aceptando ese argumento, el gobierno de ese municipio, con mayoría del PP, prohibió las celebraciones islámicas en las instalaciones en las que se venían llevando a cabo en años anteriores. Si se aplica ese argumento deberá suspender las celebraciones de Halloween en las calles, colegios y cualquier otro espacio público de la localidad; y, por supuesto, Papá Noel. ¿O es que no son «costumbres ajenas» a las tradiciones propias del pueblo español? Que pregunten a las personas de mayor edad si recuerdan esas tradiciones.

En caso de extenderse esta moción de la ultraderecha en todos los ayuntamientos donde tienen mayoría con el PP, y caso de que este partido cediese a sus pretensiones, como lo ha hecho en Jumilla, tanto Halloween como Papá Noel no podrán celebrarse en espacios públicos. O es que Halloween no está substituyendo unas tradiciones tan propias del pueblo español como la noche de ánimas, el Tenorio, las castañeras... Y, por supuesto, Papá Noel, un marquetiniano icono navideño que, en pocas décadas se ha impuesto a cualquier imagen de la Navidad asentada en las tradiciones propias del pueblo español; compitiendo, incluso, con los Reyes Magos. ¿Eso no incomoda la sensibilidad de esos patriotas? No los hemos escuchado exigir que se protejan las tradiciones del pueblo español en Navidad o en las Ánimas frente a esas «costumbres ajenas». ¿Qué las hace diferentes de las que prohibió el Ayuntamiento de Jumilla en espacios públicos?

Por supuesto que hay diferencias. Celebraciones tan significadas en la tradición islámica, como el final del Ramadán o la Fiesta del Cordero, no son «costumbres ajenas» que se traten de imponer al pueblo español en detrimento de sus tradiciones propias, como ocurre con Halloween y con Papá Noel. Son «costumbres propias» de miles de personas, en este caso vecinos de Jumilla, que trabajan y viven en esa localidad, ciudadanos de pleno derecho que quieren celebrar sus costumbres, sin imponerlas a nadie ni en competencia con otras tradiciones propias del pueblo español.

No se puede rebajar a las personas a la categoría de «mano de obra». En Jumilla, como en tantas y tantas localidades españolas, esas personas que provienen de otros entornos culturales, son imprescindibles para nuestra economía. Si se fueran de Jumilla, sin duda alguna, la economía de esa zona entraría en crisis. Si son imprescindibles para trabajar y generar riqueza, si viven y cotizan en la localidad, ¿por qué no pueden celebrar en ella sus tradiciones, sean cuales sean, siempre que no afecten a la dignidad de nadie o que traten de imponerlas al resto de la ciudadanía?

Para que el argumentario de la ultraderecha fuera coherente -ya sé que usar en la misma frase «coherencia» y «ultraderecha» es un oxímoron-, debería ir acompañado de un catálogo de «tradiciones propias del pueblo español», para saber cuáles sí y cuáles no pueden celebrarse en espacios públicos. Y, de ellas, cuáles son propias o no del lugar. Por ejemplo, ¿se podría celebrar en espacios públicos de Jumilla en Navidad la tradición vasca del Olentzero, con el riesgo de que substituyera a los Reyes Magos? ¿Podríamos celebrar en un parque de Pamplona la Cincomarzada de Zaragoza? Ya sabe, la tradición con la que «celebramos» la masacre de la columna carlista que intentó ocupar la ciudad por la noche. ¿Y la Feria de Abril de Sevilla en Barcelona...?

Las tradiciones nos identifican y cohesionan como sociedad. Sin duda. Pero las tradiciones cambian, porque cambiamos las personas y cambia la sociedad. Surgen nuevas tradiciones, algunas de ellas importadas, por supuesto. Pero, ¿qué otra cosa ha sido, si no, el progreso de la sociedad? El mestizaje cultural es una de las esencias de la cultura y de las tradiciones propias del pueblo español. Nuestra cultura y nuestras tradiciones son puro mestizaje, deberían saberlo esos patriotas de pacotilla.

Por cierto, sería una pena que la ultraderecha madrileña exija al alcalde de la capital o a la presidenta de la Comunidad que prohíban la celebración del Año Nuevo Chino por las calles, por «el respeto y la protección de las tradiciones propias del pueblo español en el espacio público frente al avance de las costumbres ajenas». Con lo bonitas y coloristas que quedan las calles de Usera...

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