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Opinión

La sonrisa rebelde

Zohran Mamdani, nuevo alcalde de Nueva York, demuestra que se puede recuperar la esperanza desde lo posible, no desde la destrucción del otro

Zohran Mamdani, nuevo alcalde de Nueva York, con un modo distinto de hacer política que le ha llevado a pasar en poco de más de un año de ser un desconocido a ganar con el 50% de los votos. En tiempos donde la bronca parece haberse vuelto el único idioma público, la sonrisa, el entusiasmo, y las medidas populares y radicales han dado la vuelta a la desesperanza general.

Una campaña centrada en los derechos humanos y el cuidado ha logrado algo extraño en estos tiempos, crecer sin recurrir al odio, ganar alentando a la empatía, eso es lo auténticamente revolucionario. Mamdani demuestra que se puede recuperar la esperanza desde lo posible, no desde los argumentarios utópicos, ni desde la destrucción del otro.

Y lo hace proponiendo soluciones concretas como alquileres accesibles, transporte público gratuito, derecho a la vivienda y al alimento con supermercados municipales públicos. Una propuesta global que va a lo sustancial, la crisis de alto coste de la vida en Nueva York. Un hombre joven que conoce las grietas sociales que afectan más a los nuevos votantes y que les permite identificarse con alguien que no pertenece al establishment habitual.

Las extremas derechas populistas entendieron que las emociones son poderosas herramientas políticas, transformaron el enfado en energía y el miedo en unidad. Y frente a eso, la izquierda se quedó sin un lenguaje común, fragmentada en apoyos por colectivos, pero sin un proyecto global, y desbordados por la era de la post verdad.

El alcalde electo logró captar la atención pública que es un recurso escaso, y tiró también de las emociones, pero dándoles la vuelta, conmover sin manipular, construir sin odiar y disputar con orgullo. Una forma de comunicar cálida y empática que no lo hace desde la moral ni desde el marketing, aunque lo maneja como los mejores, en una revisión del «obamato», sino desde lo humano. Creer en que la política puede reparar, no solo ganar. Una política con una nueva lógica de ciudad, donde la vivienda deja de ser una herramienta solo para inversión y se convierte en un derecho básico, donde el transporte deja de ser un lujo para quienes pueden pagarlo, donde el salario no sirve solo para sobrevivir, sino para vivir dignamente.

El objetivo es revertir la tendencia de fuga de residentes por la alta carga de costes, revivir barrios o recuperar tejido comunitario. El camino marcado por Mamdani enseña a las izquierdas del mundo donde está lo sustancial de la indignación, y que el tiempo de las promesas pasó para adentrarnos en el de las políticas concretas y posibles, aunque revolucionarias.

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