Opinión
Israel, un país fragmentado
Meir Margalit, en su libro El eclipse de la sociedad israelí (2024) nos presenta, desde su visión como pacifista de izquierdas, un panorama desolador de su país. Tras recordar que un eclipse, según el diccionario es la «ocultación transitoria, total o parcial de un astro por interposición de otro», afirma sin dudarlo que: «Israel está pasando por un eclipse, sobre todo mental, a razón del cual falta luz que alumbre el camino, y el horizonte está plagado de tinieblas. El humanismo está oculto, de forma transitoria, total o parcial, por el astro militarista …[…]… Pero en algún momento, el destello humanista desplazará al oscurantismo militarista».
A ello se suma una sensación, aunque se pretenda disimular, de frustración por parte de la sociedad israelí como consecuencia del brutal ataque cometido por los islamistas de Hamás en territorio hebreo del 7 de octubre de 2023. Este dramático acontecimiento ha tenido, según Margalit, graves y continuadas consecuencias entre los israelíes, tales como las siguientes:
- El ataque de Hamás acabó con la idea de que este grupo islamista era «susceptible de ser comprado y que las sumas exorbitantes introducidas por Qatar (en Gaza) con el beneplácito israelí atenuaran su ímpetu bélico».
- La comprensión tardía de que, a pesar de toda la verborrea vertida sobre la victoria absoluta y la aniquilación de Hamás, por cierto, un monstruo fomentado por Israel en su momento para contrarrestar a la OLP y así dividir a los palestinos, es un «propósito imposible de lograr».
- «La caducidad de la presuntuosa doctrina militar basada en la suposición de que Israel es invulnerable y posee todo el poder necesario para reprimir cualquier ataque palestino».
- La relevancia mediática que este ataque ha devuelto a la cuestión palestina, incluyendo la demanda de la comunidad internacional de devolver a la ANP los terrenos conquistados en 1967.
- El aislamiento de Israel en el ámbito internacional y el deterioro de su imagen hasta el punto de ser acusado por la Corte Penal Internacional de crímenes contra la Humanidad, incluyendo órdenes de arresto contra el Primer Ministro Benjamín Netanyahu y de su ministro de Defensa Israel Katz, que la ubica en el mismo plano que las peores organizaciones terroristas y dictaduras del mundo.
Y, todas estas frustraciones han desembocado, según Margalit, en una «reacción violenta desproporcionada» que ha generado la actual barbarie que diariamente comete Israel en Gaza, un auténtico genocidio del que es víctima el pueblo palestino.
Así las cosas, para Margalit Israel, como Estado, tiene un futuro incierto ya que la fractura interna de la sociedad israelí es de «gran magnitud» y, por ello, llega a preguntarse «i no ha llegado la hora de dividirnos en dos entidades estatales diferentes: un Estado judío con Jerusalén de capital y el Estado de Israel con capital en Tel Aviv». Esta idea, ya planteada por Eugene Kandel y Ron Tzur, reconoce de forma explícita que el proyecto del Estado de Israel ha fracasado y, ante la imposibilidad de recomponerlo, la solución óptima es dividirlo en tres cantones independientes, uno judío liberal, otro judío religioso y otro árabe, documento éste patrocinado por The Jerusalem Institute for Policy Research. Y es que ambos analistas antes citados, «no pueden asegurar que el futuro de Israel llegue a conmemorar su centenario», en cual tendría lugar en el año 2048.
De este modo, la referida propuesta de fragmentar el Estado de Israel en tres cantones independientes significaría en la práctica que, el cantón árabe quedaría bien definido por el origen de su población, mientras que el cantón judío religioso se ubicaría en torno a los alrededores de Jerusalén e incluiría algunos asentamientos de Cisjordania ya que se trata de «un paraje conservador, derechista, nacionalista, islamófobo y homófobo», en el cual, como señala Margalit, no hay espacio para «laicos, liberales, racionales y mucho menos para hedonistas». Finalmente, el tercer cantón liberal se extendería por la zona costera de Tel Aviv, «donde el aire es más puro y la gente es más tolerante» y en el cual las minorías tienen su espacio.
Esta realidad, tan diversa y confrontada, es fruto de dos mundos: el judaísmo religioso centrado en Jerusalén frente al laicismo liberal de Tel Aviv y es que, como se dice popularmente, «Mientras Jerusalén reza, Tel Aviv festeja».
Por todo lo dicho, la conclusión de Margalit es rotunda: «Ante este hecho evidente de que no existe ningún denominador común entre ambas culturas, lo más pertinente es constituir dos entidades separadas e independientes». El tiempo dirá si esta idea es una simple quimera o realmente se convierte en una realidad a la que se ha visto abocada la fragmentación de la sociedad israelí ante el creciente poder político y social de los sectores judíos ultrarreligiosos.
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