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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Una mujer desdichada

El arte de Iván Turguénev nunca necesitó de grandes itinerarios novelescos, bastándole unos cuantos relatos relativamente cortos para acreditar su talento literario.

Es el caso, por ejemplo, de La infeliz (Ediciones invisibles). Una novela corta -o relato largo- que apenas alcanza las ciento cincuenta páginas, pero cuya intensidad deparará al lector la sensación de que son muchas más las que lleva leídas.

La infeliz, mujer de ficción que da nombre e inspira el título, lo es, fundamentalmente, por sus decepciones amorosas. Que no tendrán base en sus caprichos, veleidades o ligerezas, sino en el maltrato sistemático que recibirá por parte de los hombres que la rodean en su vida cotidiana, a lo largo de su desdichada infancia y adolescencia; y también, con un agravamiento progresivo de los desaires del destino, de una madurez que ella misma nunca llegará a cuajar ni a disfrutar como tal. Por culpa, una vez más, del enfermizo deseo que Susana -así se llama la anti-heroína- parece despertar en los hombres.

Estamos, claro, en el siglo XIX y, no lo olvidemos, en el seno de una sociedad, la rusa, que sigue siendo prácticamente todavía feudal, donde los cambios sociales y morales se van orquestando y aplicando con cuenta gotas, sin que ninguno de ellos beneficie especialmente al tradicional y, como congelado en el tiempo, status de las mujeres, privadas de muchos de los derechos con que los que hombres las venían sometiendo a su voluntad, utilizándolas como amantes, esposas, madres y amas de casa, o intercambiándolas, jugando con ellas y degradándolas a ojos de esa misma sociedad cuya conquista resultaba imposible entonces al género femenino.

En La infeliz, Turguénev trazará magistralmente los tipos de varios de esos rusos de la aristocracia rural zarista. Desde los que solo hablaban en francés, despreciando sus propios ancestros, a los que irían emergiendo a una valoración un poco más «nacionalista» de su historia e identidad, alejándose de la influencia de Europa.

Además de una galería de precisos y preciosos retratos, Turguénev ofrece en La infeliz un estudio psicológico del alma de una mujer en sorda rebeldía contra una sociedad que la oprime.

Regalándonos, además, un conmovedor melodrama.

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