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Opinión

La que se avecina en Aragón

El escenario político no debería ensombrecer las buenas expectativas de la comunidad en sectores tan relevantes como la tecnología, el automóvil, la energía y la construcción

Jorge Azcón en su visita al centro de datos de Microsoft en Virginia.

Jorge Azcón en su visita al centro de datos de Microsoft en Virginia. / GOBIERNO DE ARAGÓN

El mes de noviembre ha echado a andar en Aragón con múltiples dudas por resolver y algunas certezas que permiten ser optimistas de cara al próximo año. Lo cierto es que la comunidad vive en dos planos claramente diferenciados: el político y el económico. En el primer caso, el escenario es realmente incierto con unos presupuestos que no están pero se les espera (aunque no tienen visos de salir adelante) y la incógnita de saber si en 2026 habrá elecciones o se tendrá que esperar a 2027. De lo que no hay duda es que el primer semestre de 2026 va a ser un campo de minas para el PP de Feijóo, que tendrá que gestionar los resultados de los comicios extremeños y las convocatorias electorales de Castilla y León y Andalucía, feudos donde la gestión de los incendios y la crisis de los cribados de cáncer comienzan a empequeñecer a grandes barones como Fernández Mañueco y Moreno Bonilla.

Lo de Valencia es ya caso aparte porque, tal y como se ha podido comprobar esta semana, se ha convertido en un vodevil o en una auténtica pesadilla (según se mire) para los populares. La improvisación, la falta de estrategia y la incapacidad para gestionar situaciones de crisis como la dana o la desvergüenza mostrada por Carlos Mazón ponen en el punto de mira al líder gallego, cada vez más señalado. Mientras, en Aragón, Azcón tira de paciencia y prudencia y espera acontecimientos sin perder de vista lo que muestran las encuestas internas sobre intención de voto.

Pese a todo, el presidente aragonés ha puesto el foco esta semana en los centros de datos, una de sus grandes bazas, con una expedición a Estados Unidos, donde ha visitado los cuarteles generales de AWS, QTS (Blackstone), Vantage y Microsoft. Allí ha podido mantener encuentros con los principales responsables de las multinacionales que han puesto sus ojos en Aragón para ejecutar sus milmillonarias inversiones en centros de datos. Allí ha tratado de generar sinergias para que la apuesta por la tecnología de estos gigantes revierta en otros ámbitos de la sociedad. Estos proyectos no deberían quedarse en grandes almacenes de datos sino que han de ser el revulsivo para que la era de la inteligencia artificial traiga prosperidad a la comunidad. Y eso es hablar de talento, formación, tecnología y más recursos.

El gran problema por resolver es de dónde saldrán los trabajadores que se necesitan para hacer frente a tal volumen de empleo

Pero lo que está por venir a Aragón no solo tiene que ver con la tecnología. El sector del automóvil será, en este tramo final de 2025 y a lo largo del 2026, un enorme catalizador de la industria local. Su efecto tractor llegará a las auxiliares y a otras empresas de servicios como si de una mancha de aceite se tratara. Lo será por la construcción de la gigafactoría de CATL y Stellantis, pero también por el desembarco de Leapmotor en Figueruelas, donde producirá un segundo modelo (el B05), tal y como ya adelantó EL PERIÓDICO DE ARAGÓN. De alguna manera, el próximo año será la confirmación de Zaragoza como el cuartel general de la industria automovilística china en España y el sur de Europa. Y la energía ha sido un vector decisivo para ello.

La tercera pata de la metamorfosis que va a experimentar la economía aragonesa tiene como protagonista al sector de la construcción, que estará muy ligado a la puesta en marcha de los centros de datos, pero también a la gigafactoría y al desarrollo de la logística. Por no hablar del importante papel que jugará en los próximos años como consecuencia del crecimiento de barrios como Parque Venecia 2 y Arcosur, en Zaragoza, o los proyectos inmobiliarios que recorren buena parte del territorio aragonés. El sector está obligado a acometer una rápida transformación, con nuevas formas de producir (como las viviendas modulares), pero también mostrando una mayor capacidad para atraer talento y profesionales especializados.

Aragón ha sabido trabajar en la diversificación de su economía en los últimos años, con un buen puñado de sectores estratégicos que han crecido y otros que se están impulsando de forma activa. Sin embargo, el gran problema por resolver es de dónde saldrán los trabajadores para hacer frente a tal volumen de oferta de empleo.

Quizá no seamos conscientes de lo que se avecina en Aragón, pero deberíamos serlo para jugar la partida de la forma más inteligente posible y para que el escenario político no ensombrezca el camino recorrido en la última década. Porque lo más importante está por llegar.

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